Contribuyendo a la Sostenibilidad de la Agroindustria de la Caña de Azúcar.

A 4 años de la Declaratoria de la Cero Tolerancia al Trabajo Infantil en la Cadena de Valor.

En las últimas dos décadas México se embarcó en el modelo económico global generando profundas transformaciones sociales y económicas,  al respecto la agricultura  ha tenido un impacto polarizado: se fortalece la agricultura comercial con una fuerte tendencia a la exportación y reestructuración productiva, altamente tecnificados y cerrando brechas sociales en los eslabones de sus cadenas, ejemplo de esto son los  centros agrícolas ubicados al noroeste del país; y al mismo tiempo, se muestra un amplio deterioro y empobrecimiento de la agricultura sustentada en la tecnología tradicional orientada hacia el autoconsumo y la producción de alimentos básicos.

La evolución de la productividad total de los factores de la agricultura es baja en comparación con los promedios de la región latinoamericana.  Lo que conlleva  implicaciones para los ingresos de los agricultores y de los trabajadores asalariados. La incidencia de la pobreza es mucho mayor en el campo, 60% de la población  mexicana en pobreza extrema se encuentra en las zonas rurales.

Este proceso ha propiciado la intensificación de los movimientos migratorios definitivos y estacionales de miles de campesinos e indígenas provenientes de los estados más pobres que se ven en la necesidad de migrar: hombres, mujeres y niños se incorporan al trabajo agrícola como una forma de incrementar los precarios ingresos familiares. Existen en México 405,712 familias en permanente movimiento entre las zonas de origen  y las zonas de  recepción,  se estima que el 40% de esta población son niñas y niños menores de 14 años, quienes participan en labores agrícolas de desyerbo, recolección y selección de frutas y hortalizas, empaque, carga y acarreo, con las mismas condiciones y exigencias laborales que los adultos.

En 2000, México ratificó el Convenio 182 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre las peores formas de trabajo infantil, quedando  pendiente la identificación de los trabajos peligrosos. En 2015 se reconoce a la agricultura como un trabajo peligroso, se ratifica el Convenio 138 sobre la edad mínima de admisión al empleo, elevando la edad de 14 a 15 años; respuesta legal ante el desafío que implica el trabajo de 2.5 millones de niños, niñas y adolescentes mexicanos, 30% de los cuales están en la agricultura.

Paralelamente, las cadenas productivas enfrentan las exigencias del consumidor en torno a lo social y ambiental, lo que ha llevado a integrar a estos factores en las negociaciones comerciales, en estándares de certificación y auditorias de clientes, impulsando la generación de valor social.

La agroindustria de la caña de azúcar no es ajena a este contexto. El campo proveedor de caña enfrenta retos con relación al ámbito tecnológico, social y medioambiental que tienen repercusión en su ámbito laboral.  Las condiciones de vida de los cortadores y jornaleros agrícolas de la caña suelen ser precarias; salarios bajos, exposición a condiciones de seguridad y salud riesgosas, exposición a sustancias tóxicas, concentraciones en viviendas temporales y en mal estado “galerones”, falta de un contrato de trabajo, entre otros.  La expresión más grave de este déficit de trabajo decente es la incorporación de niñas, niños y adolescentes (NNA) en las labores del cultivo de caña.

El 12 de junio de 2013 la Cámara Nacional de la Industrias Azucarera y Alcoholera (CNIAA), la Unión Nacional de Productores de Caña (UNP-CNPR) y la Unión Nacional de Productores de Caña de Azúcar (UNPCA-CNC), con la asistencia de la OIT, hicieron público la Declaratoria de la Cero Tolerancia al Trabajo Infantil en la Cadena de Valor de la Caña de Azúcar, comprometiéndose a no emplear mano de obra infantil en las actividades productivas de la caña de azúcar y a generar compromisos similares de prevención y erradicación de trabajo infantil (PETI) con sus proveedores de bienes y servicios. El enfoque empleado fue el de cadena de valor que promueve la corresponsabilidad de acciones de los distintos eslabones que integran los sectores productivos, desde la oferta y demanda,  para mejorar las condiciones de trabajo decente y productividad.

La firma de la Declaración fue el resultado de un trabajo de concienciación y sensibilización desde un enfoque de diálogo social, realizado con todos los integrantes de la cadena de valor de la agroindustria; primero con las dirigencias de las asociaciones de productores y luego con los comités directivos de los socios de la Cámara. En el marco de la Declaración se realizaron actividades de sensibilización y formación para que los ingenios azucareros del país, afiliados y no afiliados a la Cámara, desarrollasen políticas encaminadas a la PETI. En ingenios como La Gloria y Lázaro Cárdenas, ya se han firmado estas declaraciones de manera particular, aunque la Declaración por sí misma es aplicable a todos los ingenios.

Como parte de este compromiso, los cincuenta Comités Locales de Producción y Calidad Cañera  están llamados a elaborar planes locales de PETI, adaptados a sus circunstancias propias y a sus necesidades. La meta es eliminar el trabajo infantil en los campos proveedores de caña para el año 2020, aplicando la Cero Tolerancia para toda forma de trabajo infantil peligrosos.

A cuatro años de la Declaratoria los alcances son puntuales, las lecciones importantes y los desafíos ambiciosos…

Alcances

A nivel sectorial, la Cero Tolerancia al Trabajo Infantil favoreció la inclusión del tema al marco jurídico y organizacional. Los comités de producción y calidad cañera, así como  los consejos mixtos de modernización laboral en los ingenios podrían celebrar acuerdos en esta materia; se incorporaron cláusulas relativas a la no contratación de mano de obra infantil en contratos. Estas acciones se dan en un marco de diálogo  para mejorar al trabajo decente  en toda la cadena de valor, particularmente  frente al compromiso de las organizaciones de productores cañeros, de los industriales y sindicato de fábrica por enfrentar el trabajo infantil cañero,  pero también en un contexto económico difícil los precios del azúcar siempre variantes,  la relación comercial ambivalente con Estados Unidos y la falta de apoyo gubernamental  para los temas del sector con relación al recurso humano en campo y alternativas concretas para erradicar el trabajo infantil a través de la educación y servicios sociales eficientes y pertinentes a las necesidades de este tipo población.

La Declaratoria por si misma beneficia a las niñas, niños y adolescentes que trabajan en la cadena de valor de la agroindustria, sobre todo los hijos e hijas de migrantes que participan en la cosecha. Pero además, las acciones que se promueven para su cumplimiento pueden impactar en la situación laboral de los trabajadores adultos, cortadores de caña quienes son padres de los niños y niñas involucrados y, demás integrantes del sector:  agricultores, transportistas, trabajadores de fábrica, industriales y las organizaciones que los representan,  en tanto participantes en la cadena de valor de la agroindustria, porque se busca una cadena de producción libre de trabajo infantil.

La experiencia internacional demuestra que las acciones de  prevención y erradicación de trabajo infantil tienen éxito cuando se generan alternativas integrales que proveen una educación de calidad, servicios de protección y seguridad social ampliados y la mejora de condiciones de  trabajo decente de los trabajadores adultos.  Esta perspectiva se recoge también en los compromisos de la Agenda de Desarrollo Sostenible 2030, en la que se invita al sector privado a comprometerse a reducir el trabajo infantil, bajo  la meta de ponerle fin de aquí al 2025.

En los últimos años, en la agroindustria de la caña de azúcar, se han generado prácticas de sostenibilidad, sea por la motivación de cumplimiento y/o por la exigencia del mercado,  empresas multinacionales presionan cada vez más a los ingenios para atender las brechas sociales en su cadena de abastecimiento de caña.  Lo que incluye la apertura de un diálogo social en las agendas de los comités producción. Las asociaciones cañeras a su vez  se ven más presionadas para incrementar las buenas practicas laborales,  ya no basta con la seguridad social que otorgan al cortador sino que deben “profesionalizar” al productor, capacitar  a todos los trabajadores del campo y mejorar las condiciones de trabajo.   El cultivo de caña en México cuenta además con una cartilla informativa sobre las condiciones y medio ambiente de trabajo infantil en la que se especifican los factores de riesgos y se sugieren planes de acción para su prevención: http://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—americas/—ro-lima/—ilo-mexico/documents/genericdocument/wcms_250032.pdf

Bajo este enfoque de atención con la Declaratoria de la Cero Tolerancia al Trabajo Infantil gana la agroindustria  en si por los resultados en las labores de producción y cosecha de caña: en calidad  y rendimiento de la caña con la implementación de las buenas prácticas agrícolas y en suma por la mejora en las relaciones laborales  y la productividad del campo.

Lecciones aprendidas

La traducción de estos compromisos a nivel sectorial ha sido aún incipiente, ingenios y asociaciones de productores locales han optado por diversas acciones y métodos aún poco sistémicos pero que pueden ser significativos para generar modelos a escalar y transferir.

El ingenio La Gloria, del Grupo Azucarero del Trópico, como parte de su política y programa de Responsabilidad Social  y Ética empresarial fue pionero en reconocer la problemática del trabajo infantil en su campo proveedor de caña. De 2012 a 2013 fue apoyado por la OIT para llevar a cabo un  mini programa de PETI desarrollando talleres de sensibilización a productores, ejidatarios, personal de campo del ingenio y de las asociaciones de cañeras, en el marco del Proyecto Nacional “Alto al trabajo infantil en la agricultura 2010-14”.

La iniciativa logro sostenerse a lo  largo de estos años, hasta 2014 se realizaron 32 talleres impartidos a 1,257 participantes del sector en La Gloria.  Por varias zafas consecutivas el ingenio coordina el levantamiento de la cedula-registro de los cortadores y jornaleros con datos personales y de su familia con quienes viaja,  identificando y cuantificando la incidencia de trabajo infantil.  En 2015, el ingenio llevo a cabo un Taller Normativo “Compromiso con la erradicación de trabajo infantil” con el propósito de actualizar a productores, personal de campo y de las asociaciones cañeras en el marco normativo al considerar toda labor agrícola como trabajo infantil peligroso en el que incluso ningún adolescentes pueden realizarlo y las repercusiones legales que este incumplimiento con lleva.  El ingenio incluyo en su código de ética la promoción y protección de los derechos de los niños y fue galardonado por el Distintivo  México sin Trabajo Infantil (MEXSTI).   En 2016 a la par  de que el ingenio recibe un premio por la CEMEFI como mejor práctica para erradicar el trabajo infantil con su programa “jornalero somos y en el cañaveral andamos” cuyo eje es el respeto a los derechos de los niños y cumplir con la cero tolerancia al TI, el  ingenio establece el Sistema de Prevención y Erradicación de Trabajo Infantil (SPETI) cuya esencia es  la gestión de la PETI por parte del Comité de Producción.  La erradicación de trabajo infantil en el campo se equipara a la importancia de los objetivos de rendimiento y calidad que requiere el ingenio de la caña y por consiguiente de la exigencia a los productores. El sistema se ancla en la estructura del personal de campo del ingenio y de las organizaciones cañeras, quienes asumen en sus desempeños el monitoreo en campo de la cero tolerancia.

Por su parte,  apoyado por la asistencia técnica de la OIT y de los recursos de la ONG Solidaridad, el ingenio Huixtla emprende su experiencia en 2013 al implementar metodologías y herramientas de la OIT en temas de trabajo seguro y capacitación por competencias beneficiando a productores, jornaleros agrícolas y cortadores, estos últimos en su mayoría migrantes guatemaltecos. Como parte de la estrategia de sostenibilidad, el proyecto consideró desde el inicio el involucramiento tanto de recursos humanos del ingenio y de las dos organizaciones cañeras locales,  solicitando además su apoyo en  especie (salones para la capacitación, material, servicio de refrigerio) que favorecen a la sostenibilidad de las acciones.  En la zafra 2014-15, el proyecto obtuvo los  siguientes  resultados:  50 productores y 40 jornaleros fueron capacitados en el uso eficiente y seguro de agroquímicos (en 2015-16 se certificaron 100 productores con el estándar de CONOCER del uso de agroquímicos);  20 Facilitadores de la comunidad capacitaron a cortadores; 10 cabos fueron facilitadores de la guía de cosecha para los cortadores; 150 cortadores de caña certificados con el estándar laboral  “cosechar la caña”.  El proyecto sentó de manera local el tema de la sostenibilidad, bajo el estándar de Bonsucro y generó un modelo de intervención  “formación, trabajo seguro y productividad”. Todos los actores sociales del sector agrícola son corresponsables y resultan beneficiados de este enfoque, desde el empleador (industrial/productor), el gobierno (al establecer convenios para mejorar condiciones de bienestar de los trabajadores),  los mandos gerenciales y medios, hasta el jornalero de campo y cortador de caña.

http://www.oitsimapro.org/uploads/3/1/9/0/31906627/formacion_trabajo_seguro_y_productividad_bphuixtla_.pdf

Precisamente tomando como referencia los 56 indicadores medibles del único estándar de sostenibilidad a nivel mundial del sector, Bonsucro, el ingenio Lázaro Cárdenas, en 2013 decide integrar una serie acciones de sensibilización y capacitación, concretando en procedimientos de gestión de recursos humanos y mejora de prácticas ambientales en el campo proveedor de caña, particularmente en las parcela que entrarían al proceso de certificación,  garantizando la no existencia de niñas, niños, y adolescentes. El ingenio ha contado con el acompañamiento de las autoridades estatales y locales para fomentar la inversión social.  A pesar de que aún no se logra la certificación, precisamente por los desafíos que implican las brechas sociales y ambientales en el campo cañero,  este proceso ha fomentado una visión “empresarial” entre los productores que están más conscientes  de que la sostenibilidad  de la agroindustria no depende solo del abastecimiento de caña, sino que deben hacer las cosas en un entorno sano, saludable, sin daño y con responsabilidad social. http://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—americas/—ro-lima/—ilo-mexico/documents/genericdocument/wcms_532715.pdf

 

Desafíos

La ausencia de niñas, niños y adolescentes  en la producción y cosecha de caña, las buenas prácticas agrícolas, la erradicación del trabajo forzoso, la seguridad y salud en el trabajo agrícola, la capacitación y la dignificación de las condiciones de trabajo y bienestar social de los trabajadores del campo requieren ser incluidos en la política de desarrollo del campo cañero. No es suficiente la Declaratoria sectorial en sí misma para garantizar el compromiso y avance al respecto.  Son muy pocos los ingenios y comités locales de producción y calidad cañera que cuantifican la participación de NNA en las labores del campo y  evidencian su reducción.

Las acciones de PETI que se realizan en las comunidades agrícolas cañeras son frágiles ante el problema de escasez de mano de obra y la falta de inversión para mecanizar labores de campo, como son el corte de caña.

El trabajo infantil por tanto no se ha erradicado en el campo cañero, el sector está lejos de cumplir con la meta de 2020, sobretodo inquieta la falta de alternativas para mejorar los ingresos y condiciones de trabajo de los padres y familiares de niñas y niños que vemos en el campo, alternativas productivas para adolescentes que en su mayoría ya son padres de familia pero que no pueden estar haciendo labores agrícolas por los efectos nocivos a su salud, favoreciendo además a la perpetuidad de su pobreza.

La reducción del trabajo infantil requiera de la colaboración con el sector público, no se trata de que los ingenios, las organizaciones cañeras y productores sustituyan el papel del Estado en la educación, la seguridad social e inspección laboral,  pero si  se  espera que los actores sociales de la Cadena de Valor de la Agroindustria de la Caña de Azúcar  sean fortalecida en su capacidad de exigencia y coordinación.

La lucha contra el trabajo infantil atraviesa sobre todo por la mejora de las condiciones de trabajo decente, productividad y bienestar social en campo. Estos factores son parte de las responsabilidades de los actores desde un enfoque de sostenibilidad de la cadena de valor,  y tiene que traducirse en lo local, a través de una participación incluyente, flexible y adaptable al contexto local.  Las buenas prácticas que hasta ahora se han evidenciado  se caracterizan por el tema de gestión, que recae en el área de responsabilidad social del ingenio, sin embargo, para lograr un impacto se  requiere aún de mucha “ingeniería social”, propiciada desde el órgano rector del campo cañero: el Comité Local de Producción y Calidad Cañera.  Esto implica entonces avanzar en los niveles de diálogo social para lograr acuerdos traducidos en  una inversión en el recurso humano en campo. Migrar de la visión asistencialista a una apuesta a la mejora de condiciones de trabajo para jornaleros de campo y de los cortadores, incluidos los migrantes  centroamericanos.

Mejorar el nivel de productividad es prioritario para lograr una remuneración justa y condiciones de trabajo decentes en toda la cadena de cultivo, cosecha y producción del azúcar de caña, alternativa viable para contribuir con la sostenibilidad de la agroindustria.

Mónica Falcón. Dra. en Ciencias Económicas. Autora del SPETI; Profa. UIA  y Colaboradora de la OIT / GVA para la implementación de las herramientas de la OIT para el desarrollo sostenible de las empresas: IMESUN, SAFEWORK y SOLVE. Jueves 8 de junio de 2017.