Bioenergía

El mundo ya empieza a renunciar al consumo del petróleo, y dentro de 15 o 20 años la bioenergía podría cubrir la cuarta parte de la demanda global.

Organización de las Naciones Unidas

A principios del mes de Junio, un periódico local de Oregon, Estados Unidos, daba una noticia desconcertante pero a la vez vanguardista dado el momento de incertidumbre económico-energético que el mundo ha comenzado a padecer. Libby Rodgers, de 26 años de edad, comentaba sus expectativas de emprender una corporación dedicada al biodiesel; su técnica: recoger todo el aceite que está disponible en algunos lugares, como restaurantes, cerca de Prineville, Oregon.
Existe escasez de aceite para guisar en Estados Unidos, ya que los ladrones lo hurtan en galones y los inversionistas libran una batalla por cada una de estas gotas doradas (…) No hace mucho tiempo, los restaurantes le hubieran pagado a Rodgers para que se llevara el aceite que desechaban. Sin embargo, debido al descontrolado mercado de materias primas y la creciente fricción que existe entre los alimentos y el conflicto del combustible, el aceite de desecho se ha convertido en un diamante para los productores de biodiesel.
biodiesel

En la actualidad, la falta de hidrocarburos y energía fósil causa controversia entre los interesados en el tema de la Bioenergía. Expertos aseguran que el petróleo dejará de existir en un lapso de 15 y 20 años; pero hay quienes afirman que eso no es predecible, que será en menos tiempo cuando no sólo escasee, sino que será imposible la extracción de la principal fuente de energía en el mundo. Otros señalan que de comenzar un plan para promover los biocombustibles en la actualidad, se necesitarían por lo menos 10 años para ver sus efectos positivos. En un principio, ambientalistas y políticos anunciaban que el biodiesel era el más reciente recurso energético que podría ser renovable, además de reducir la dependencia de los países industrializados al ingresar dólares a las economías agrícolas de otras naciones.

Los principales ingredientes del biodiesel son el aceite de algunos cultivos como: la soya, el olivo o la palma, así como el aceite vegetal que desechan los restaurantes. Los combustibles bioenergéticos pueden ser: líquidos (etano, biodiesel); sólidos (leña, carbón) y gaseosos (biogas de desechos forestales, urbanos u orgánicos). Para generar calefacción, electricidad y transporte, los combustibles líquidos son los que más atención e interés reciben actualmente. Estos cobran auge, sobre todo el etanol y el biodiesel, tras el desarrollo de tecnologías para obtenerlos. El problema es que ninguno de estos elementos “se renueva” lo suficientemente rápido como para seguirle el ritmo a la demanda global. También han entrado en la polémica mundial por la posible competencia con la producción de alimentos, los altos subsidios que gobiernos como el estadounidense designa para obtener este energético y la explotación de ecosistemas sensibles.

olivo

Para los que apoyan esta fuente orgánica, la bioenergía puede ser un complemento importante en la transición de las naciones para solucionar el problema que genera depender de otras categorías energéticas que se agotarán. Su principal teoría es que la vegetación es generosa al ofrecer innumerables recursos, entre ellos, los que sirven para producir energía renovable como: biodiesel, etanol, leña, biogás, residuos agrícolas y forestales. Los avances técnicos en materia de biocombustibles ofrecen una manera de salir de este conflicto aparentemente complicado y hasta podrían tener consecuencias sorprendentes en otras áreas, incluso la expansión económica en el mundo en desarrollo, reducciones en las emisiones de gases de invernadero, y la disminución de la peligrosa dependencia del petróleo del mundo. Gran parte de la industria del etanol emplea como materia prima el maíz, usando únicamente el almidón en los granos. Pero las nuevas tecnologías podrían llevar al uso rentable de una amplia variedad de productos de desechos agrícolas como los tallos y paja de cereales o productos químicos y plásticos, actualmente derivados de combustibles fósiles. Esta innovación permitiría al agricultor cosechar dobles dividendos: vendiendo cultivos comerciales como maíz y trigo, y convirtiendo los “residuos” sobrantes en combustible. Para los analistas, este fenómeno ofrecería a los países en vías de desarrollo la capacidad de “cultivar” sus propios combustibles, permitiéndoles redirigir escasas divisas extranjeras del petróleo importado hacia inversiones nacionales más productivas, incluso inversiones sociales críticas en la salud, la educación y en asistencia social.

Los países que recientemente han promulgado políticas a favor de la producción de estos combustibles renovables son: Argentina, Australia, Canadá, China, Colombia, Ecuador, India, Indonesia, Malawi, Malasia, México, Mozambique, Filipinas, Senegal, Sudáfrica, Tailandia y Zambia. En el caso mexicano, se requiere de una estrategia integral que invierta en desarrollo científico y tecnológico, con metas graduales de acuerdo a las posibilidades de una producción sustentable. Nuestro país apenas incursiona en el tema de los bioenergéticos, si se compara con otras naciones, tanto en técnicas como en investigación. Por ello, organismos gubernamentales en materia de medio ambiente, energía y agricultura se han dado a la tarea de descubrir el rendimiento de las especies forestales que puedan generar energía de forma sustentable, más allá de la leña, que es el combustible más utilizado en el contexto rural.

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Científicos e investigadores ya están promoviendo la plantación de algunas especies de origen mexicano como la Jatropha curca, cuyo nombre común es Piñón mexicano o Piñón de leche, pues se ha reportado que especies similares en algunos países ha demostrado tener éxito para producir biocombustibles, como en la India por ejemplo. Desafortunadamente, en nuestro país las energías renovables aún no son tomadas en cuenta. Rodrigo Pérez Ramírez, coordinador del Programa Nacional de Bioenergía de la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR), explica que en México “el cambio climático no se ve como un problema real todavía, aunado a que hay suficientes combustibles fósiles, mantos petrolíferos y no se vislumbra lo que puede suceder en 15 años cuando los recursos del petróleo, simplemente desaparecerán”. Hasta hoy, “las plantas generadoras de biocombustibles fueron tomadas como ‘especies de moda’, pero no se ha concretado cómo será la producción y el proceso de comercialización, no se ha coordinado aún este plan que podría traducirse en un nuevo modelo de desarrollo”.

Retomando la experiencia que el Oregonian publicó para dar una visión más coloquial de la situación en cuanto a bioenergía, Libby Rodgers declaraba su escepticismo ante los resultados de este negocio. “Ya no importa si la gente no come las suficientes papas a la francesa para que el aceite sea utilizado como combustible(…) A pesar del crecimiento que ha tenido la industria del biodiesel, muchas personas aún enfrentan los desafíos para desarrollar una producción a gran escala, así como los sistemas de distribución para poder satisfacer la demanda proyectada. Si no encontramos otros recursos, el biodiesel terminará siendo otro aditivo”.

- Países que comercializan bioenergía

Brasil: etanol de la caña de azúcar
Estados Unidos: etanol de maíz
Canadá y parte de la Unión Europea (Alemania, Finlandia, España): biomasa forestal y biocombustibles

Fuentes:

- Hsuan, Amy. Grease shortage worries Oregon’s fledgling biodiesel industry. The Oregonian, 9 de Junio de 2008

- Salgado, Julieta. Coordinan esfuerzos para producir bioenergía forestal. Revista electrónica de la Comisión Nacional Forestal. Número 78. Del 18 de febrero al 2 de marzo de 2008

- E. Wirth,Timothy; Boyden Gray, C. y Podesta, John D. The Future of Energy Policy. Foreign Affairs, Julio/Agosto de 2003

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