Editorial: Entre la división y los conflictos de interés. No hay forma de hablar de sustentabilidad.

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A raíz de una posible renegociación del Tratado de Libre Comercio para Norteamérica entre Estados Unidos, Canadá y México (TLCAN), se abre la posibilidad real de renegociar el mercado de edulcorantes entre estas naciones el cual, debido a las acusaciones de dumping y por subsidios contra México y los posteriores acuerdos de suspensión de la aplicación de cuotas compensatorias, en la práctica está afuera del TLCAN.

De hecho, la American Sugar Alliance (ASA), que representa los intereses de productores y refinadores de remolacha azucarera y caña de azúcar de Estados Unidos, está pidiendo que se ponga fin a los acuerdos de suspensión debido a “la falta de avances en las conversaciones entre los dos gobiernos para modificar los acuerdos” que, según los productores y refinadores estadounidenses, “no está funcionando como se esperaba”, declaró recientemente Philip Hayes vocero de la ASA a Inside US Trade. Hayes enfatizó que “los acuerdos de suspensión negociados por el gobierno de Estados Unidos y de México no están funcionando dado que no hay acuerdos para adaptarlos a las necesidades de los productores y refinadores de Norteamérica”.

Esto implica que prevalecerá entonces la aplicación de cuotas compensatorias lo que agravará aún más la delicada situación de la agroindustria azucarera mexicana que se verá imposibilitada a acceder en el corto y mediano plazo al mercado de Estados Unidos.

Oportunidades

Como nunca antes, ahora,  se deberán adaptar medidas que diversifiquen el uso de la caña de azúcar para que también se adapte a las necesidades reales del país. Es claro que se deberá atender a una política real de diversificación de los mercados, que deberá correr junto con la búsqueda de una mayor productividad tanto en campo como en fábrica, dado que los excedentes exportables tendrán un precio diferente, menos conveniente para productores e ingenios. Esta situación pone en entredicho la sustentabilidad de la agroindustria como un todo.

Según el estimado de producción de azúcar para la zafra 2016/2017 recientemente difundido por el Conadesuca, la producción podría alcanzar 6.37 millones de toneladas, sumadas a un inventario inicial de al menos un millón de toneladas. La oferta de azúcar superará los 7 millones de toneladas y el consumo nacional aparente también estimado y sumando el IMMEX, sólo alcanza 4.72 millones de t. Es decir, ante cualquier emergencia derivada de la aplicación de sanciones, la cerrazón en las negociaciones, de la frontera, la agroindustria no tiene dónde colocar excedentes a precios medianamente aceptables.

Desde hace años la presencia del jarabe de maíz de alta fructosa ha ganado al azúcar una parte importante de mercado, por lo menos 900 mil toneladas que son en promedio las importaciones desde Estados Unidos. Se acusa a este producto de precios dumping pero no se ha podido sustentar adecuadamente como si lo pudo hacerlo Estados Unidos con el azúcar mexicana acusada de dumping y demás.

Retos

Y aquí viene lo bueno. ¿Cómo aprovechar la coyuntura que se está presentando? En primer lugar no parece haber una agroindustria unificada en torno a objetivos concretos. Los mayores consorcios azucareros mexicanos tienen agendas e intereses distintos. Por ejemplo, algunos grupos están ligados a empresas de bebidas y alimentos que no les afectaría grandemente en sus utilidades lo que le pase al azúcar, es decir, no es una de sus prioridades.

Al gobierno mexicano tampoco le ha importado mucho presionar a sus contrapartes en Norteamérica con el asunto de los precios del jarabe de maíz y por la afectación a un mercado tan complejo como el azucarero. Inclusive dos empresas productoras de azúcar liquida pidieron al gobierno mexicano que iniciara investigaciones para aplicar medidas compensatorias al jarabe de maíz por dumping pero Economía lo tomó a broma.

La posibilidad de que el excedente de caña de azúcar se destinara a la producción de biocombustibles tampoco ha prosperado porque simple y sencillamente no hay un mandato presidencial para que haga obligatoria la mezcla de gasolina con alcohol anhidro (etanol) que detonara toda una agroindustria nacional. La reforma energética fue omisa y ahora se ve difícil que se abran espacios. Lo que sigue prevaleciendo en Pemex y la secretaría de Energía son los intereses de unos cuantos, llámense proveedores nacionales y extranjeros, sindicato y políticos amigos. Una incapacidad de ver el asunto energético en todas sus dimensiones.

En resumen, hay negros nubarrones sobre el campo cañero. Hace muchos años se sacrificó al sector azucarero en aras de sacar adelante la firma del TLCAN con aquello de las famosas “cartas paralelas” firmadas por el entonces negociador en jefe Jaime Serra que, por lo que se ve, volverá a estar vigente junto con todo su equipo de negociadores.

¿No es el momento de empezar a ejecutar medias dirigidas a elaborar un plan de negocios de la agroindustria azucarera en serio, en el que se refleje por un lado las fortalezas y debilidades, los objetivos de corto mediano y largo plazo, en el que se sumen los intereses gremiales y empresariales, así como establecer derechos, obligaciones y responsabilidades de cada parte dejando de lado los conflictos de interés?

Definitivamente la solución no está en lo que haga o deshaga el Sr Trump y su equipo, sino en lo que hagamos aquí y ahora mismo.

Zafranet. Viernes 18 de noviembre de 2016.