La industria del etanol de EUA de uñas con la Agencia de Protección Ambiental

¿Te gusta? Aquí nuestras redes sociales:

“Pruitt muestra su faz anti-etanol otra vez”. Este es otro de los titulares que la Renewable Fuels Association (RFA) de Estados Unidos le dedicó al polémico exdirector de la EPA. Ya dimitido, la designación de Scott Pruitt para dirigir la EPA fue una de las extravagancias contra el medio ambiente que se permite Donald Trump. Negacionista del cambio climático, entre las causas que han precipitado la caída de Pruitt está su connivencia con la industria petrolera.

Aunque Pruitt no aparece entre los 24 firmantes de un informe publicado por la EPA justo al final de su mandato, la industria del etanol reconoce su influencia. Se trata del Biofuels and the environment: The second triennial report to Congress, una revisión periódica que realiza la EPA sobre la interacción entre los biocarburantes y el medio ambiente.

Emily Skor, directora general de Growth Energy, afirma en declaraciones recogidas por Ethanol Producer Magazine que “sin una evaluación científica precisa, este estudio se parece más a algo que la industria petrolera redactaría que a un informe federal”. Indigna especialmente a la industria que entre las principales variables y conclusiones no se incluya un estudio comparativo de las emisiones de gases de efecto invernadero entre los diferentes tipos de biocombustibles y sus equivalentes en combustibles fósiles.

Eso sí, el estudio avisa: “de acuerdo con el informe de 2011, no se evalúan las emisiones de dióxido de carbono (CO2) u otros gases de efecto invernadero (GEI), ni revisa y evalúa los estudios que analizan los impactos de GEI en sus conclusiones”.

Mayores emisiones del etanol de maíz.

Sí se afirma que “el etanol de maíz tiene mayores emisiones (de contaminantes como óxidos de nitrógeo y azufre y de partículas) a lo largo del ciclo de vida que el de otras materias primas, y las instalaciones para su producción que dependen del carbón tienen mayores emisiones contaminantes que las que usan gas natural y otras fuentes de energía”.

El informe analiza los impactos sobre el cambio del uso de la tierra, la calidad del aire y del suelo, la calidad y cantidad del agua asociada a todo el proceso, los ecosistemas, la salud y la biodiversidad, además de la influencia sobre la generación y expansión de especies invasoras.

La EPA recuerda constantemente que el impacto varía según la materia prima usada, pero, en general, mantiene un tono de crítica hacia la producción y aumento de los biocarburantes convencionales. Por ejemplo, sostiene el informe que “hay indicios de un mayor uso del agua debido a los aumentos en las áreas irrigadas para el maíz y las tasas elevadas de conversión de la tierra en los estados occidentales más áridos. Es probable que surjan impactos adversos en la disponibilidad del agua en acuíferos y cuencas superficiales ya sometidos a estrés”.

El etanol ahorra un 43 por ciento de emisiones. En Europa el 70 por ciento.

También se avisa que “la conversión de tierras sensibles desde el punto de vista ambiental en cultivos para una mayor producción de materias primas actuales destinadas a producir biocombustibles se asocia con impactos negativos en la salud y la biodiversidad del ecosistema”.

Skor tiene claro que “la EPA hizo todo lo posible para evitar citar datos negativos sobre el impacto ambiental del petróleo”. “Sorprendentemente –prosigue–, eliminó por completo las emisiones de carbono, donde las últimas informaciones científicamente contrastadas del Departamento de Agricultura demuestran que el etanol ahorra del 43 por ciento sobre los combustibles fósiles, y llegará al 50 por ciento en 2022”. No obstante son reducciones alejadas de las que presenta la industria europea.

Llueve sobre mojado. La reacción de la industria también fue virulenta al conocer a finales del pasado mes de junio los volúmenes de etanol asociados a la Renewable Fuel Standard (RFS), la normativa que obliga a producir e incorporar biocarburantes en el transporte.

La industria muy molesta con los nuevos volúmenes de etanol para 2019 y 2020

El volumen propuesto para los biocarburantes convencionales para 2019 es el mismo que para 2018: 15.000 millones de galones (un galón equivale a casi cuatro litros). En total, para 2019 se asignan 19.880 millones de galones, frente a los 19.290 millones de 2018. La diferencia procede de los avanzados, que tendrán 4.290 millones en 2018 y 4.880 en 2019.

En este caso también expresó su amargura la RFA, con el “piropo” arriba mencionado dirigido a Scott Pruitt y afirmando que las nuevas obligaciones suponen un “golpe para los agricultores y productores de etanol”, tras “sucumbir” Pruitt a la presión de la industria petrolera.

Consideradas como unas obligaciones poco ambiciosas y no acordes con la capacidad productiva de etanol, Bob Dinneen, presidente de la RFA, incide en que “la EPA necesita dejar de inclinarse a los caprichos de la industria petrolera para implementar el programa nacional de combustible renovable y trabajar para crear demanda de etanol, reducir los precios para los consumidores y crear oportunidades económicas para los agricultores de todo el país”.

El biodiésel ve el vaso medio lleno

Solo la industria del biodiésel vio ligeramente medio lleno el vaso de la propuesta de la EPA. “Damos la bienvenida a aumentar los volúmenes de biodiésel, después de dos años estancados; es una señal positiva para nuestra industria y nos complace que la EPA haya reconocido nuestra capacidad para producir mayores volúmenes”, afirmó Kurt Kovarik, vicepresidente de la National Biodiesel Board (NBB).

Pero Kovarik no dejó pasar la oportunidad para criticar que “la inestabilidad en el programa de la RFS causada por la EPA ha provocado un daño significativo que solo puede rectificarse para el biodiesel a través de un crecimiento constante y predecible en los volúmenes”.

De Energías Renovables. Martes 10 de julio de 2018.