Reporte Especial: Un segundo piso de ingresos para productores agrícolas.

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● Producción de cultivos bioenergéticos.

● Aprovechar superficies abandonadas y/o no aptas para cultivos tradicionales.

● Empleos e ingresos para productores en zonas de pobreza y pobreza extrema

Más allá de las políticas públicas y los proyectos anunciados ya por el presidente electo Andrés Manuel López Obrador (AMLO), existen otros temas de relevancia que deberían salir a la luz pública y ser debatidos y discutidos por académicos, especialistas y directamente por los funcionarios propuestos, para estudiar su viabilidad y las posibilidades para su implementación.

El tema es la producción de alcohol para su uso como combustible y/o como oxigenante en las gasolinas que se expenden en la República Mexicana. Está también el tema de la producción de biodiesel.

“Los cultivos energéticos contribuyen al desarrollo y en algunos países han reducido su dependencia del petróleo, motivando la inversión extranjera, aumentado el ingreso de divisas, y ayudado a solucionar problemas agrarios como el desempleo; a disminuir la emigración rural y el abandono de las tierras, a diversificar la agricultura y a lograr ser rentables sin subsidios, así como aprovechar mejor los excedentes agrícolas”. ¹

El tema ha estado en “estudio” y en evaluación desde hace por lo menos 10 años, por Pemex, por diversas universidades e institutos de investigación, por el Instituto Mexicano del Petróleo (IMP), por la Secretaría de Agricultura (Sagarpa), por la Secretaría de Energía (SE), por la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), por las asociaciones de productores de caña y de sorgo, en fin, mientras se sigue estudiando sin ser debatido para su posible implementación, perdemos un tiempo precioso para detonar el desarrollo de una potente agroindustria como ya la tienen muchos países alrededor del mundo, encabezados por Estados Unidos, Brasil y la Unión Europea.

La propuesta que debería ser implementada en coordinación por la Secretaría de Energía, por la Sagarpa y por la Semarnat.

Los productos son fabricados con base en los denominados productos agrícolas bioenergéticos como el sorgo dulce, la caña de azúcar, higerilla y jatropha, entre los más estudiados en México y en el mundo. En Estados Unidos la materia prima principal es el maíz, en Brasil la caña de azúcar y en la Unión Europea la remolacha azucarera.

Estamos hablando de biocombustibles, cuyo uso en la matriz energética de los principales países consumidores de gasolinas para el transporte privado, público y de carga y aéreo supera el 30% de la energía total utilizada por esos países. México es desde luego uno de los mayores consumidores de gasolinas y combustibles de todo tipo, y que en estos últimos años ha venido incrementado su importación hasta alcanzar en promedio el 70% de su consumo anual.

Estados Unidos impulsó la revolución de los que ellos llaman “ethanol”, que es un alcohol deshidratado que mezclan al 10% con la gasolina de origen fósil. Es decir, este alcohol anhidro sustituyó desde hace por lo menos 10 años al anterior oxigenante denominado éter metil tert-butílico, metil tert-butil éter, metil terc-butil éter o, por sus siglas, MTBE, es un líquido inflamable de olor característico desagradable.

Este ingrediente se produce a partir del petróleo y en la actualidad ha sido prohibido su uso en la mayoría de los países desarrollados por ser altamente contaminante de los mantos freáticos, y sustituido por el alcohol carburante.

En México se produce alrededor del 17% del consumo del MTEB y el resto se importa de plantas productoras norteamericanas que lo procesan sólo para su exportación, de la cual México importa aproximadamente el 60% de la producción de esas plantas. Es decir, vive de las exportaciones a México y México ha sido incapaz de sustituirlo por un producto que le genere actividad económica, ingresos y empleos para los propios mexicanos.

Los países productores de biocombustibles líquidos, etanol y biodiesel, han tenido que abrir espacios adicionales para el cultivo de materias primas energéticas con el fin, por un lado, de no comprometer la producción de alimentos y por el otro para cubrir la creciente demanda de biocombustibles a nivel mundial.

Para nuestro país sería como levantar un “segundo piso” agrícola, dado que para producir las materias primas suficientes para la producción de, digamos para el caso del etanol, para una mezcla al 10% con la gasolina que se consume en el país que es de aproximadamente 780 mil barriles de petróleo equivalente, o 124 millones de litros diarios, lo cual daría una cantidad monstruosa de alcohol deshidratado que actualmente ni soñamos producir, de poco menos de 12.5 millones de litros por día, o 4,470 millones de litros anuales.

Para poner estas cifras al alcance de todos, equivale a utilizar toda la superficie que actualmente se siembra con caña de azúcar para producir los 6 millones de toneladas (t) de azúcar que se producen en cada zafra anual en México. Por eso la afirmación de que tendríamos que construir un “segundo piso” agrícola para abastecer a las biorefinerías productoras de alcohol y subproductos derivados como alimento para el ganado y cogeneración de energía.

En pocas palabras, pensando en caña de azúcar, tendríamos que producir 54 millones de toneladas, en una superficie de aproximadamente 800 mil hectáreas, que es más o menos lo que tenemos al día de hoy para ser el 6o país productor de azúcar a nivel mundial.

Pero como no sería posible duplicar la superficie cañera, ese “segundo piso” tendría que abrirse utilizando los excedentes de caña de azúcar que ya existen y que presionan al mercado azucarero, y quizás abrir una frontera agrícola para la caña en algunos Estados como Chiapas, Tabasco, Campeche, Quintana Roo y Oaxaca.

El segundo piso agrícola tendría que incluir, para la producción de etanol anhidro, al sorgo dulce, que ya se utiliza en Estados Unidos, y que es ideal para la producción de biocombustibles.

Para la producción de biodiesel habría que enfocarse sobre todo a la siembra de higuerilla y jatropha.

Pensando en la coyuntura actual, en la que año con año tenemos excedentes de azúcar que no tienen mercado ² , calculamos un excedente de caña de 8 millones de toneladas (t.), que se producen en aproximadamente 118,000 hectáreas. Este volumen serviría para producir aproximadamente 640 millones de litros anuales, a razón de aproximadamente 5,360 litros por hectárea.

Una apertura de la frontera agrícola para la caña de azúcar, aportaría en un corto y mediano plazo alrededor de 13 millones de t. adicionales en 194 mil hectáreas, lo que arrojaría una producción de alcohol anhidro de alrededor de 1,028 millones de litros anuales.

La suma de alcohol que podría aportar la agroindustria de la caña, sobre la base de los número citados, a nuevas biorefinerías ³ sería de alrededor de 1,668 millones de litros al año, aproximadamente el 37% de las necesidades estimadas en un plazo de 5 a 10 años.

Estados Unidos, ha desarrollado desde 2007 una capacidad instalada para producir cerca de 17 mil millones de galones, algo así como 64 mil millones de litros al año y que son producidos en 203 plantas etanoleras o biorefinadoras instaladas principalmente en las zonas productoras de maíz, el llamado “corn belt” en el medio oeste. En promedio, cada planta produce 81 millones de galones al año, o 308 millones de litros anuales de alcohol anhidro.

Digamos que pensando más bien en una capacidad instalada para una biorefinería en México de la mitad, 100 a 150 millones de litros al año, se requerirían aproximadamente entre 13 y 16 plantas biorefinadoras.

Sorgo Dulce

Una ventaja del sorgo dulce (Sorghum bicolor) es la producción de elevadas cantidades de azúcar y paja, ambas aprovechables como biocombustible. La producción de azúcar puede ser 9 t ha-1 y 30 t MS. Dependiendo de las zonas, se pueden obtener de 3 a 6 mil L ha-1 de bioetanol (De Juana y Fernández, 2002; Camps y Marcos, 2008; San Miguel, 2008).

La implementación de cultivos energéticos es, para los agricultores, una opción más de cultivo y de mercado que eleva sus ingresos y, por tanto, su nivel de vida. Además, motiva la inversión y ayuda a mejorar los servicios públicos en las zonas rurales, por lo cual revaloriza las tierras, contribuyendo así al desarrollo rural de zonas marginadas, evitando la emigración rural y el abandono de la tierra; se reduce la dependencia del petróleo, aumenta la entrada de divisas y se solucionan problemas de excedentes agrícolas y abandono de tierras de cultivo. Éstos son algunos de los impactos socioeconómicos causados por los cultivos energéticos en algunas regiones de Brasil, EUA y Alemania, por mencionar algunas. Sin embargo, la generación de empleo es la actividad más importante para dicho impacto.

Conclusiones

En la clasificación de los cultivos energéticos en agrícolas, forestales y acuáticos, se encontró que los agrícolas son los más explotados y se centran básicamente en maíz, remolacha azucarera y caña de azúcar, para la producción de bioetanol, así como soja y colza para biodiesel. Algunos de los nuevos cultivos agrícolas promovidos son: jatrofa, cardo, sorgo dulce, pataca y colza etíope; dentro de los forestales se tienen eucaliptos, chopos y robles y, además, algas marinas.

Los productos generados por los cultivos mencionados no compiten con los productos alimenticios y, si se establecen en tierras abandonadas, exceptuando los acuáticos, no compiten con los cultivos tradicionales. Los cultivos energéticos contribuyen al desarrollo y en algunos países han reducido su dependencia del petróleo, motivado la inversión extranjera, aumentado el ingreso de divisas, y ayudado a solucionar problemas agrarios como el desempleo; a disminuir la emigración rural y el abandono de las tierras, a diversificar la agricultura, y a lograr ser rentables sin subsidios, así como aprovechar mejor los excedentes agrícolas.

 

[1] CULTIVOS ENERGÉTICOS. Francisco J. Nava-García*, Xoán R. Doldán-García Universidad de Santiago de Compostela. Departamento de Economía Aplicada. Avenida Burgo de las Naciones s/n Campus Norte 15782. Santiago de Compostela (franciscojavier.nava@rai. usc.es) (fjnavag@uaemex.mx) (xoan.doldan@usc.es)

[2]Para la zafra 2018-2019, la cuota de exportación asignada a México por el USDA será de aproximadamente 750 mil tons valor crudo, 250 mil menos que para la zafra anterior.

[3]Plantas especializadas en la producción de alcohol deshidratado y otros subproductos derivados del proceso como alimento para ganado y cogeneración de energía.


Redacción Zafranet, con información de Sagarpa, USDA, EIA, Asociación para la Movilidad Sustentable. Jueves 20 de septiembre de 2018.