“Veneno embotellado” o “veneno granulado”.

¿Te gusta? Aquí nuestras redes sociales:

Definiciones:

• Veneno. Del latín venenum, es una sustancia capaz de producir graves alteraciones funcionales en un ser vivo. El veneno es algo nocivo para la salud que, incluso, puede llevar a la muerte.

• Se denomina técnicamente azúcares a los glúcidos que generalmente tienen sabor dulce, como son los diferentes monosacáridos, disacáridos y polisacáridos, aunque a veces se usa incorrectamente para referirse a todos los carbohidratos. En cambio, se denomina coloquialmente azúcar a la sacarosa, también llamado azúcar común o azúcar de mesa. La sacarosa es un disacárido formado por una molécula de glucosa y una de fructosa, que se obtiene principalmente de la caña de azúcar o de la remolacha azucarera.

• Se le llama edulcorante a cualquier sustancia, natural o artificial, que edulcora, es decir, que sirve para dotar de sabor dulce a un alimento o producto que de otra forma tiene sabor amargo o desagradable. Dentro de los edulcorantes encontramos los de alto valor calórico, como el azúcar o la miel o el jarabe de maíz de alta fructosa, o la miel de agave, por mencionar algunos, y los de bajo valor calórico, que se emplean como sustitutos del azúcar. En ambos tipos encontramos edulcorantes naturales y artificiales.

• Refresco. Una bebida carbonatada denominada gaseosa, refresco, fresco o soda, dependiendo del país, es una bebida saborizada, hecha con agua carbonatada, edulcorantes naturales como fructosa o sacarosa, o sintéticos como el ciclamato (E952), acidulantes, colorantes, antioxidantes, estabilizadores de acidez y conservadores.

• La ingesta diaria recomendada de azúcares agregados del Departamento de agricultura de los Estados Unidos (USDA) es de menos de 10 cucharaditas por día para una dieta de 2,000 calorías. La ingesta calórica alta contribuye a la obesidad si no se equilibra con el ejercicio, y se requiere una gran cantidad de ejercicio para compensar los alimentos y bebidas ricos en calorías.

• Hasta 1985, la mayoría de las calorías de las gaseosas provenían del azúcar o de jarabe de maíz. A partir de 2010, el jarabe de maíz con alto contenido de fructosa (JMAF) en Estados Unidos (y en México desde 1995 después de la firma del TLCAN) se utiliza casi exclusivamente como edulcorante debido a su menor costo, mientras que en Europa predomina la sacarosa, ya que las políticas agrícolas de la CEE favorecen la producción de remolacha azucarera.

• Se ha criticado al JMAF por tener una serie de efectos perjudiciales para la salud, como el de predisponer la diabetes, la hiperactividad, la hipertensión y una serie de otros trastornos. Aunque se ha presentado evidencia anecdótica para respaldar tales afirmaciones, es bien sabido que el cuerpo humano descompone la sacarosa en glucosa y fructosa antes de que sea absorbida por los intestinos. El aumento en los niveles de lípidos en la sangre también parece corresponderse con la ingesta de fructosa en el tiempo. Una bebida azucarada o una bebida con alto contenido de azúcar pueden referirse a cualquier bebida que consiste principalmente de agua y azúcar (a menudo azúcar de caña o JMAF), incluyendo gaseosas, algunos de frutas y bebidas energéticas.

Dicen que somos lo que comemos…

El azúcar

El azúcar es un “alimento-condimento” que se obtiene habitualmente del campo, de la caña de azúcar y de la remolacha azucarera. Una vez industrializada la caña, entra a formar parte en la fabricación de multitud de alimentos y como edulcorante de diversas bebidas refrescantes o estimulantes.

El azúcar blanco es sacarosa pura cristalizada. Este disacárido, la sacarosa, está compuesto por dos monosacáridos (fructosa y glucosa), hidratos de carbono de un intenso sabor dulce y que aportan a la dieta 4 calorías por gramo, estando considerado como un alimento eminentemente energético.

Beneficios

El azúcar, en forma de su monosacárido glucosa, es indispensable para el trabajo celular y está considerado como el alimento por excelencia de las células nerviosas y de las neuronas cerebrales. Si se consume de forma equilibrada con otros nutrientes, interviene en el metabolismo aportando energía de rápida utilización, por lo que es recomendable para deportistas o personas con alta actividad física e intelectual. Tomado con moderación, no genera obesidad ni diabetes.

Inconvenientes

Los perjuicios que puede ocasionar el azúcar están siempre en relación con el exceso en la cantidad consumida y en la forma de consumirlo. Al ser un alimento energético muy purificado sin un substrato nutricional (las llamadas calorías vacías), puede elevar súbitamente la glucemia en sangre dando lugar a la actividad de la insulina y, a largo plazo, al Síndrome Metabólico, que es hiperinsulinemia o diabetes tipo 2. Niveles elevados de lipoproteínas de baja densidad (LDL o «colesterol malo») y triglicéridos en la sangre. Niveles bajos de lipoproteínas de alta densidad (HDL o «colesterol bueno») en la sangre.

El consumo elevado de azúcar, tanto formando parte de los alimentos como en forma de sacarosa cristalizada (azúcar blanco), favorece el sobrepeso y la obesidad, incrementa los triglicéridos en sangre, incrementa la demanda de las vitaminas del grupo B y da lugar a la aparición de caries dental.

Recomendaciones

Los especialistas en nutrición recomiendan consumir más hidratos de carbono complejos (legumbres, arroz, frutas, verduras, cereales integrales, etc.) y menos hidratos de carbono purificados (azúcar). Los alimentos más perjudiciales son las bebidas refrescantes azucaradas, los dulces, las chucherías y el azúcar blanco refinado.

El subsecretario de Salud, Hugo López Gatell, se refirió recientemente a un tipo de “veneno líquido”, embotellado, que afecta la salud de los mexicanos, en particular la de los chiapanecos que son campeones mundiales en la ingesta de bebidas endulzadas, como la Coca-Cola.

“¿Para qué necesitamos veneno embotellado de los refrescos? ¿Para qué necesitamos comer donas, pastelitos y papitas, que además traen la alimentación tóxica y la contaminación ambiental como los plásticos que acaban en los riachuelos, van al Cañón del Sumidero y contaminan el mar”, afirmó recientemente.

Los diferentes gobiernos, de Salinas de Gortari a la fecha, no han logrado establecer políticas públicas diseñadas, por un lado, para alertar o proteger o bien informar a la sociedad respecto a lo que realmente estamos consumiendo los mexicanos. No hay una etiqueta de ningún producto que nos diga claramente el contenido, los ingredientes, las especificaciones, su valor calórico en un leguaje entendible, y mucho menos, los riesgos que implica su consumo.

Tampoco se han logrado establecer los controles adecuados a través de la COFEPRIS, que es la autoridad competente con las atribuciones de la Secretaría de Salud en materia de regulación, control y fomento sanitario de productos y servicios (como lo refrescos, el pan, las frituras), dirigidos al control y vigilancia sanitaria de alimentos y bebidas, suplementos alimenticios, materias primas y aditivos que intervengan en su elaboración, de forma que el consumidor esté protegido y/o advertido de posibles riesgos contra su salud. Es decir, se ha dado manga ancha a las industrias para diseñar, tanto sus formulaciones como el etiquetado.

Hasta ahora las directrices gubernamentales han sido omisas, permisivas, respecto a la elaboración de productos con alto contenido calórico que sin lugar a dudas has impactado y deteriorado la salud de millones de personas de todos niveles socioeconómicos, especialmente los más vulnerables económicamente.

Algunos activistas como Alejandro Calvillo, miembro de la Alianza por la Salud Alimentaria, ha intentado influir en el diseño de una etiqueta que especificara qué tipo de azúcar contienen los refrescos, y no sólo la palabra “azúcares”, así en general, como si se tratase de un genérico, cuando se sabe que hay muchos tipos y calidades de endulzantes, como se especifica arriba en las definiciones. Detrás de la palabra “azúcar”, o “azúcares”, se esconde una gama de endulzantes más allá del azúcar de mesa elaborada a partir de la industrialización de la caña de azúcar.

https://dtc.ucsf.edu/pdfs-spanish/Sweeteners_04.30.10_ES.pdf

Como no hay precisión respecto a qué tipo de azúcares o endulzante utilizan las empresas refresqueras, panificadoras, productoras de lácteos, y toda una serie de artículos de consumo masivo que se venden a pocos metros de donde habitamos los mexicanos, incluso en los poblados más alejados de las grandes ciudades, es importante puntualizar algunas reflexiones al respecto.
El consumo de edulcorantes denominados “calóricos”, como son el azúcar de caña, el jarabe de maíz de alta fructosa, la miel de abeja, la miel de agave, entre los más importantes, ingeridos en grandes cantidades puedes ser perjudiciales para la salud.

La recomendación de la OMS es no superar los 25 gramos de azúcares añadidos, no incluye los azúcares (fructosa, por ejemplo) presentes de forma natural en alimentos como la fruta o la verdura. Una cucharita cafetera llena tiene cuatro o cinco gramos y una sopera entre 12 y 15 gramos.
Los “azúcares” presentes en otro tipo de productos también están contemplados en el informe de la OMS. El problema de las bebidas procesadas y los refrescos es que su presentación líquida nos hace menos conscientes de estar ingiriendo un elevado contenido de endulzantes químicos.

Para reducir el contenido calórico de las bebidas con endulzantes calóricos (azúcar de caña, jarabe de maíz de alta fructosa, miel de abeja, etc), las industrias utilizan mezclas de endulzantes calóricos y no calóricos, de ahí la importancia de no sólo especificar en las etiquetas “exceso en azúcares”, sino tomarse la molestia de especificar: “alto en azúcar de caña”, “alto en jarabe de maíz de alta fructosa”, “alto en azúcar de caña y de jarabe de maíz de alta fructosa”, alto en “endulzantes químicos”, etc. El que una etiqueta diga que no contiene azúcar (suponemos que se refiere al azúcar de caña), no quiere decir que no esté endulzado. He ahí la trampa.

En México, la Norma Oficial 051 establece que la etiqueta debe ser veraz y no conducir a error, pero no obliga a decir qué tipos de endulzante contienen los refrescos, sólo informan del porcentaje que contienen.

Por eso se ha pedido en varias ocasiones a la Cofepris estandarizar la NOM-051, de especificaciones generales de etiquetado, con el Código Federal de Regulaciones de Estados Unidos, que dice, según información de El Poder del Consumidor: “El nombre de un ingrediente indicado deberá ser específico y no un nombre colectivo (genérico)”. Azúcar debe referirse a azúcar de caña; Jarabe de maíz de alta fructosa es un endulzante calórico proveniente del proceso de industrialización del maíz amarillo, mayormente importado de Estados Unidos; Sustitutos del azúcar, se refiere a edulcorantes no calóricos, es decir, sin calorías, pero con alto poder endulzante, provenientes de procesos químicos.

El Nuevo Etiquetado

Un larguísimo estira y afloja entre industriales y autoridades a lo largo de los años ha derivado recientemente en el diseño de una etiqueta que “transparente” de manera entendible el contenido de un producto. No estamos seguros los consumidores de que dicho diseño realmente ayude a saber el contenido calórico de un refresco o una dona o una papa frita. En el portal de internet de la Cofepris hay una serie de propuesta de etiqueta que, como el ejemplo de abajo, siguen siendo confusas.

A pesar de todo, parece ser que no vamos a tener una etiqueta que específica sin lugar a dudas qué tipo de “azúcares” tiene tal o cual producto, es un secreto que la industria embotelladora, por decir una de las más importantes, quieren seguir guardando.

Volviendo a los edulcorantes, según Xaviera Cabada, Coordinadora del programa de Salud Pública Alimentaria de El Poder del Consumidor, “La fructosa tiene un poder más dulce, pero a nivel metabólico se ha visto que los daños de jarabe de maíz de alta fructosa son mayores”.

En México el uso de fructosa se regularizó hasta 1994, con la entrada de nuestro país del Tratado de Libre Comercio (TLC), firmado con Estados Unidos y Canadá.

Los productores de refrescos en México usan jarabe de maíz de alta fructosa y azúcar de caña en sus productos, pero se desconoce cuánto usan de cada uno en la mezcla de endulzantes según el sabor de la bebida. Utilizan una mezcla para la Coca Cola y otra para los otros sabores. Refresqueras regionales decidieron sustituir definitivamente los “endulzantes calóricos” por no calóricos por cuestiones de precios. Pero no se dice en la etiqueta. La palabrita mágica “azúcares”, esconde eso precisamente.

La Alianza por la Salud Alimentaria ha solicitado a la Cofepris que obligue a productores de refresco a informar en su etiquetado cuál tipo de endulzante le ponen a sus productos. Actualmente su información sólo es genérica.

La investigadora Katia García de la UNAM, considera que el endulzante de jarabe de maíz de alta fructosa es más dañino y “causa trastornos como grasa en la sangre, ácido úrico, elevación de presión sanguínea y más grasa en el hígado. También se asocia con cálculos renales”.
Además de los refrescos, gelatinas y harinas para pastelillos también contienen jarabe de maíz de alta fructosa. Pero urge más informar sobre las bebidas, ya que son absorbidas más rápido por el cuerpo, y son más consumidas por la población.

Según el portal “Simplemente Maíz, se asegura que de acuerdo a CONADESUCA, “el consumo de JMAF en México ha ido disminuyendo de manera constante desde el ciclo 2011/2012 y se estima que caerá por debajo de los niveles del 2010 en 2019/2020”. Y añade: “Sin embargo, a su vez, la encuesta Nacional de Salud y Nutrición, realizada por El Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) confirmó el 19 de diciembre de 2019 que el porcentaje de mexicanos con obesidad subió de 71.3% en el 2012 a 75.2% en el 2018. El índice de diabetes subió del 9.2% a 10.3% durante el mismo tiempo”.

Pero contrariamente a lo que afirman las empresas productoras e importadores de Jarabe de Maíz de Alta Fructosa, que están detrás de esa página web, la gráfica a continuación muestra que mientras en Estados Unidos, tanto la producción como el consumo, efectivamente han venido disminuyendo drásticamente, en México, las importaciones se han mantenido en niveles constantes, participando con alrededor del 30% del consumo de edulcorantes calóricos a nivel nacional.

En la gráfica: Las exportaciones totales de HFCS de EUA crecieron entre 2006 a 2019 en 163%. Con respecto a México crecieron en ese mismo lapso 83% al pasar de 560 mil ton métricas en 2006 a 1,235 mil toneladas métricas en 2017 y se han mantenido en niveles cercanos a un millón de toneladas métricas valor seco hasta la fecha más una producción en territorio nacional sobre 500 mil toneladas con maíz amarillo producido localmente e importado.

La política y los edulcorantes.

El tema de los endulzantes está altamente politizado debido a la cantidad de intereses económicos que están en juego. Por el lado de los edulcorantes calóricos, el eje de la confrontación entre azúcar de caña y JMAF proveniente del maíz amarillo, se encuentra al interior mismo de la Cámara Nacional de la industria azucarera (CNIAA), profundamente dividida entre grupos azucareros digamos “puros”, y grupos azucareros que forman parte o tienen sociedad con corporaciones embotelladoras y de alimentos la mayoría multinacionales. Es decir, para estos Grupos el azúcar de caña no es lo más importante desde el punto de vista económico.

Y el tema álgido es que la diversidad de intereses entre unos y otros llega a hasta el punto de caer en conflictos de interés, dado que los azucareros embotelladores, o los embotelladores azucareros son los principales clientes de las corporaciones industrializadoras del maíz amarillo de donde proviene el JMAF. Teniendo o siendo socios de ingenios azucareros, utilizan otros edulcorantes, no sólo el jarabe de maíz para endulzar sus productos embotellados, galletas, lácteos, chocolates, y muchísimos productos más.

Desde hace varios años, muchos, la CNIAA agrupo sólo un aparte de los ingenios del país, aproximadamente el 70% en términos de volumen de producción, básicamente los que están más relacionados con la industria de los refrescos y frituras o aquellos grupos que sabiendo ese conflicto de interés que existe, no les causa problema.

El segundo eje del conflicto entre azúcar de caña y el jarabe de maíz se sitúa en el plano internacional, por el hecho de que ambos productos son exportados e importados tanto por Estados Unidos que requiere azúcar de caña y que sus empresas industrializadoras del maíz amarillo les sobra cada vez más jarabe de maíz y México, su industria embotelladora sobre todo, la adquiere para sus procesos.

El conflicto ha escalado en diversos momentos, dado que en el TLCAN original, el azúcar de caña fue sacrificada en aras de quitar obstáculos para la firma del tratado, ante la fuerte presión que ejercieron los grupos azucareros norteamericanos para evitar y dificultar que el azúcar mexicana de caña ingresara a su mercado, o por lo menos retrasarlo los más posible como sucedió en realidad.

Pero mientras se frenaba la exportación de excedentes de azúcar, nada se hizo para evitar el ingreso creciente de jarabe de maíz al mercado mexicano, endulzante que le fue quitando participación al azúcar mexicana en su propio mercado, sobre todo apropiándose del mayor mercado: las embotelladoras.

En sucesivos años, la crisis de la agroindustria azucarera mexicana por el ingreso de esas importaciones con precios menores a los de su mercado original, ahorros que han significado importantes ganancias para las empresas industriales embotelladoras, por el menor precio del endulzante de maíz contra el azúcar de caña nacional. Diferentes gobiernos lo han aceptado pero no han hecho gran cosa por evitarlo.

En resumen, El azúcar es un saborizante utilizado para mejorar el sabor, textura y color de los alimentos. Debes tener en cuenta que el azúcar de caña en sí mismo, no es nocivo, lo que se debe controlar es la cantidad de consumo.

Aporta muy poco sodio y colesterol. Genera endorfinas en el cuerpo por lo que produce una sensación de felicidad. Combate los resfriados y la tos. Es una gran fuente de energía.

Sin embargo, este ingrediente tan denostado en estos días, el azúcar de caña, ha servido de parapeto de otros endulzantes que son utilizados por las industrias detrás de la palabra “azúcares”, y que por razones desconocidas no quieren que el consumidor sepa de qué azúcares se trata. ¿Interesará a los funcionarios de Salud y de la Cofepris saberlo?

Redacción. Área de Análisis de Zafranet con datos de CONADESUCA, investigación propia y de mercados. Martes 11 de agosto de 2020.

1 comments

Que oportuno artículo, la campaña en contra del azúcar de caña está a todo lo que da este nefasto gobierno no encontró mejor excusa para seguir atacando a la industria, así que los felicito por tan excelente escrito.

Comments are closed.