• 30 octubre, 2020 2:46 PM

Reporte de inicio de zafra 2020-2021. Fructosa, diversificación, etanol y precio de la caña.

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¿Cómo encontramos a la agroindustria del azúcar?

¿Qué perspectivas tenemos? ¿Y la diversificación?

Empieza octubre y se inicia el año cañero 2020/2021. El escenario de los próximos 7 a 8 meses que dura la zafra se espera menos intrincado, aunque todavía no hay solución a la vista para la pandemia de Covid-19 y la perspectiva de una reactivación económica depende de muchos factores, la gran mayoría están dependiendo de la actuación del Gobierno Federal.

La sequía, el factor climático, golpeó fuertemente la producción del ciclo 2019-20 que alcanzó  solamente para 5.25 millones de toneladas de azúcar, volumen que no se veía desde los 5.18 de la zafra 2010/11 y los 5.05 de la zafra 2011/12. Se espera que el ciclo azucarero que recién inicia arroje una producción de azúcar de entre 5.8 y 6 millones de toneladas con lo cual se acercaría a los niveles promedio de los últimos años.

Esta sería la buena noticia. Las menos buenas serían que los escenarios para el consumo local y para la exportación a Estados Unidos, no se ven nada alagüeñas. El consumo nacional de azúcar de caña habría caído por debajo de las 4 millones de toneladas y se esperaría un ajuste adicional debido a las políticas que están implementando los diferentes niveles de gobierno, para el abatimiento de los enormes problemas de salud que padecemos.

El nuevo etiquetado, la pugna contra los llamados alimentos ”chatarra” y la no diferenciación del tipo de endulzante que contienen lo productos envasados y empacados, cae en la estigmatización al consumo de azúcar de caña y deja oculto a los consumidores los otros “azúcares” que están ingiriendo en dichos productos: el jarabe de maíz de alta fructosa y los edulcorantes no calóricos.

Es decir, el consumidor no puede decidir si los consume o no, como en otros países que se puede elegir por ejemplo, no consumir aquellos productos que provienen de materias primas procesadas de semillas genéticamente modificadas como el maíz importado para producir el jarabe de maíz de alta fructosa o como el azúcar de remolacha que se produce y se consume en Estados Unidos.

Por otra parte, y relacionado con las no tan buenas noticias, el USDA ha estimado que para la siguiente zafra los productores norteamericanos de remolacha y de caña de azúcar alcanzarán niveles de producción como para producir azúcar por alrededor de 8.35 millones de toneladas métricas (9.3 millones de toneladas cortas valor crudo) por lo que sus necesidades de azúcar importada se reducirán, específicamente las de origen nacional, cuya cuota de exportación se situará entre 800 y 900 mil toneladas, a diferencia de la cuota que se le asignó a nuestro país en la zafra 2019-2020 de 1.4 millones de toneladas valor crudo.

Esta gráfica que muestra la evolución de la producción de caña y de remolacha en la Unión Americana, nos sirve para ilustrar este tema importante para la agroindustria nacional, la dependencia que tenemos respecto a la necesidad de exportar cada año excedentes de azúcar a un mercado que paga mejor que el mercado mundial pero que está lleno de incertidumbre.

El vecino incomodo que es como invisible.

Como se aprecia en el primer cuadro que presentamos arriba, el mercado de edulcorantes calóricos está dividido principalmente entre el azúcar de caña, con alrededor de un 68 a 69% de participación de mercado, el jarabe de maíz de alta fructosa, con aproximadamente el 20-30% y otros endulzantes como la miel de abeja y la miel de agave entre los principales.

Decimos que el jarabe de maíz no se ve, no hace mucho ruido, porque los mayores importadores de este producto son precisamente las grandes empresas embotelladores que también tienen injerencia, mejor dicho, fuertes intereses en el azúcar de caña, por lo que les conviene meter, sin ruido, el jarabe de maíz en sus formulaciones de productos, mezclarlo con el azúcar de caña y se acabó. El argumento es que es más barato y tiene una mejor logística para el almacenamiento y el procesado.

Como no dicen nada las etiquetas más que “alto en azúcares” pues es invisible a los ojos del consumidor, se concentra la satanización en el azúcar de caña y perjudica a los productores cañeros. Sólo una tercera parte del este endulzante cuya materia prima es el maíz amarillo, es producido en México, en Guadalajara y Querétaro sobre todo, por las mismas empresas que lo producen en Estados Unidos, importando la mayor parte del maíz con el que se produce y adquiriendo de productores nacionales una menor proporción.

Como es prácticamente imposible contener estas importaciones desde nuestro vecino país, a pesar de que las autoridades mexicanas saben que entra a precios dumping, es más barato aquí que allá, las alternativas para la agroindustria azucarera mexicana se reducen en buscar contener, reducir en pocas palabras, la producción de caña (a ver quién convence a los cañeros) o buscar otros usos a la caña, que no sea estrictamente su procesamiento en los ingenios para producir azúcar granulada, o en los trapiches para producir piloncillo, o para hacer jugo de caña, o para echarle la caña al forraje para el ganado para que sea más feliz.

El mercado que no acaba de arrancar, o arranca a paso de hormiga: ¿la única salida para la diversificación?

Desde hace años, casi los mismos que tiene la enorme agroindustria del etanol en Estados Unidos, desde el boom de 2005-2006 a la fecha (hablando de la parte más moderna de este sector industrial porque cuando salieron los primeros automóviles Ford, allá por 1903-1904 utilizaban alcohol como combustible), se discute en nuestro país la  posibilidad de producir alcohol deshidratado, anhidro, para venderlo a Pemex con el fin de mezclarlo con las gasolinas y evitar o minimizar el uso de oxigenantes calificados internacionalmente como altamente nocivos para la salud, sobre todo el Metil Terbutil Éter (MTBE).

Conviene recordar que este oxigenante de origen fósil, está prohibido su en la mayoría de los países desarrollados y no desarrollados, y Estados Unidos lo produce para cubrir la demanda de la región, sobre pedido, para México, Venezuela y Chile. Con mucho, México es el principal importador y se produce cada vez menos en las refinerías de Pemex.

Pero después de amplias discusiones, indagatorias e investigaciones, es hora de que no se termina de convencer ni a Pemex, ni a algunos investigadores y especialistas, ni a las autoridades de todos colores que han pasado por las secretarías de energía, de agricultura, de economía, de medio ambiente, entre las más directamente involucradas en este tema, de que conviene producir etanol en México, a partir de materias primas agrícolas, caña, sorgo, entre otras, por muchas y variadas razones.

Recientemente la Cámara de Diputados a través de sus centro de estudios para el desarrollo rural sustentable (ver cuadro arriba), mandó a hacer un reporte titulado: La Producción y el Comercio de Biocombustibles en México y en el Mundo, y representa una fotografía de dónde estamos parados en relación a otros países y el largo camino que tenemos que recorrer para entrar en esa amplia avenida que ya está abierta en una treintena de países que utilizan al etanol como oxigenante. No todos los países tienen las condiciones para producirlo, pero hay un flujo comercial importante y sobre todo excedentes en varios de los países productores.

Como se sabe, nuestro país es un gran consumidor de gasolinas, en épocas sin Covid-19 se llegaron a consumir alrededor de 44 mil millones de litros anuales, datos del 2018, ahora en 2020 probablemente caiga el consumo que se estima en alrededor de un 20%, hasta 35 mil 200 millones de litros aproximadamente.

Si sucediera que, de repente, el Gobierno Federal, un día, en una “mañanera”, nos saliera con la sorpresa, una idea fulgurante de tan brillante, de impulsar al campo, brincándose todas las trabas burocráticas y no burocráticas, que hiciera oídos sordos a los argumentos de varios “especialistas” con conflictos de interés, y decidiera enviar un mandato al Congreso, una ley que obligue a Pemex a sustituir el famoso MTBE por etanol, o al menos una parte, digamos que el mandato estableciera añadir a las gasolinas sólo un 5.8% por litro a la gasolina, se necesitaría, con sólo esa pequeña proporción, levantar una agroindustria del tamaño de la del azúcar, algo así como un “segundo piso” sembrado de caña, pero etiquetada para producir los poco más de 2 mil millones de litros de alcohol anhidro, etanol carburante, que se requerirían para cumplir ese mandato en un mediano plazo dependiendo de la disposición tanto de recursos fiscales como de capitales privados nacionales y extranjeros para financiar esta nueva agroindustria.

Pensar en que cada planta o destilería o biorefinería, debería contar con una capacidad para producir entre 80 y 100 millones de litros de etanol al año (En Estados Unidos hay plantas con mayor capacidad), entonces se requerirían algo así como de 20 a 25 enclaves industriales y una extensión agrícola de cerca de 800 mil has, como la superficie de caña que tenemos actualmente sembrada para la azúcar.

Desde luego que si se habla de diversificación, habría que pensar no sólo en la caña como materia prima, sino en el sorgo, como también lo propone el reporte de los diputados, por ejemplo. Y también pensar en aprovechar la caña excedente que ya existe, entonces la superficie requerida sería menor y no tendríamos tantos problemas con los excedentes azucareros.

Y ya que estamos en esto, para terminar con el comentario sobre el etanol al que le hemos dedicado tanto espacio por tratarse de una oportunidad para impulsar al campo, la sustentabilidad de la agroindustria y la reconfiguración de la matriz energética, el Consejo Mexicano de la Energía (Comener), dio a conocer un estudio, “Análisis Costo-Beneficio del Etanol Anhidro como Oxigenante en México” en el cual se afirma que “el uso de etanol anhidro al 10 por ciento como oxigenante para los combustibles en México, podría tener beneficios sustanciales como garantizar la seguridad energética, el desarrollo nacional y el acceso a energéticos de calidad y mejores precios para los consumidores”.

El presidente del Comener, Juan Acra, explicó que “el estudio muestra que los ahorros que se hubieran obtenido en los últimos 10 años por el uso del biocombustible etanol al 10 por ciento en la Zona Metropolitana del Valle de México hubieran ascendido a 2 mil 225 millones de pesos”.

El estudio, comenta Acra, “que fue realizado con estricto rigor metodológico por la firma independiente Turner Mason & Company, también demuestra que el uso de etanol en las gasolinas permitiría desarrollar a la industria energética desde el campo mexicano, al capitalizar los cultivos de caña de azúcar y sorgo del país, al transformarlos en productos energéticos de alto valor”.

Pantaleón se posiciona en México

Este año, un jugador importante como es el Grupo Pantaleón, de Guatemala, adquirió la factoría de El Mante, cuyo propietario, el Grupo Sáenz había anunciado hace algunos meses su intención de cerrarlo, por lo menos para esta zafra. Pantaleón ha hecho un magnífico trabajo con el ingenio que adquirió hace algunos años, en la región de Pánuco, Ver, llevándolo de ser unos de los menos productivos, a estar entre los primeros en cuanto a sustentabilidad y productividad se refiere.

Desde hace algunos años propusimos que grupos azucareros extranjeros se iban a interesar poco a poco en ampliar sus intereses en nuestro país, para sumarse a los que ya están, Norteamericanos, Guatemaltecos y Colombianos, por el momento.

El futuro incierto en un mundo infectado con un virus fuera de control

Diversos análisis concluyen que debido a la pandemia, el consumo mundial de azúcar tendrá una reducción de aproximadamente 2.5 millones de tons. Con esta expectativa, el mercado azucarero tenderá a equilibrarse dado que se esperaba “un moderado déficit” de acuerdo a un análisis de mercado de S&P Global Platts. Así, podríamos ver una continuidad de los precios internacionales del azúcar cruda en una banda entre los 13 y los 14.50 cts de dólar por libra.

Existe la presión para producir más azúcar en relación a la producción de etanol, disyuntiva que se da principalmente en Brasil, dado que ante los bajos precios del petróleo los márgenes de ganancia del etanol se restringen. Sin embargo, con los precios actuales del mercado mundial sólo aquellos países y regiones azucareras altamente competitivas pueden sobrevivir con expectativas de precios tan poco atractivos, tanto en azúcar como en etanol, aun cuando se vislumbra recuperación para este último producto.

Comentario al ajuste final

La zafra que recién terminó a finales de septiembre, arrojará sin duda un precio promedio récord para el azúcar base estándar que se utiliza para fijar el precio de la caña. Los cañeros tendrán un precio de la caña mayor al de años anteriores aunque sus liquidaciones se ajustarán por una menor cantidad de caña vendida a los ingenios. Por un lado ganan y por el otro pierden, el volumen de caña fue menor aunque el precio de la caña sea mayor. La pérdida es por el volumen.

El escenario para él azúcar y por tanto para la caña se antoja nuevamente complejo. En principio las condiciones climáticas serán mejores por lo que se anticipa que puede haber una mejor cosecha y una producción de azúcar de entre 5.8 y 6.0 millones de tons.

A reserva de conocer los números finales de la zafra 2019-20 en cuanto al balance final del ciclo, exportaciones e inventarios finales, estimamos que se configura para el siguiente ciclo azucarero un menor consumo nacional y una menor exportación al mercado norteamericano lo cual supone que la oferta será más que suficiente y los mayores excedentes presionarán los precios del azúcar en la diferentes regiones del país.

Redacción. Área de Análisis de Zafranet con datos de los mercados e investigación propia. 

 

2 thoughts on “Reporte de inicio de zafra 2020-2021. Fructosa, diversificación, etanol y precio de la caña.”
  1. El precio del azúcar en la bolsa de valores de N Y, tiene un alza inesperada provocada por las magras expectativas de producción de la India. Experimentará en esta semana un incremento que podría llegar a $ 14 el qq. Niveles no logrados en los últimos ocho meses.

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