Editorial: Continuará el “comercio administrado” para las exportaciones de azúcar mexicana.

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Siempre tuvimos la sospecha de que para la renegociación o modernización del TLCAN, los altos funcionarios del gobierno de Donald Trump iban a tomar como modelo la forma como “negociaron” con México el tema azucarero, hoy al margen del TLCAN y seguramente del USMCA/MEUCA/AEUMCA o como se vaya a llamar.

El camino fue el siguiente: Primero vino la queja de los productores de azúcar de Estados Unidos (Los llamados “Sugar Barons” que gastan muchos millones de dólares para el apoyo (donativos) de políticos de ambos partidos) respecto a que los azucareros mexicanos les estaban haciendo perder mucho dinero por lo que solicitaron a su gobierno abrir una investigación y tomar cartas en el asunto.

Vino la investigación por dumping y subvenciones contra el gobierno mexicano y contra varias empresas azucareras, y unilateralmente desde luego los encontraron “culpables” y vino la aplicación de impuestos compensatorios.1

. Esto orilló al gobierno mexicano a “aceptar” una serie de “acuerdos”, con el fin de evitar las sanciones, que fueron evolucionando hasta limitar seriamente las exportaciones mediante un sistema de cuotas, la imposición de precios mínimos, la reducción de exportaciones de azúcar refinada, y finalmente lograron los norteamericanos transformar la forma de producir azúcar en México de acuerdo a sus intereses.

Y los negociadores mexicanos aceptaron todo con el fin de evitar la imposición de aranceles y mantener la exportación de excedentes. En el corto y mediano plazo es posible mediante políticas públicas bien implementadas, evitar que esos “excedentes”, tanto de caña como de azúcar, tengan un efecto dañino irreversible para productores e ingenios.

El problema se ha agravado, sin embargo, porque en la práctica no hay un marco de referencia para el comercio de edulcorantes calóricos entre ambos países (azúcar de caña, azúcar de remolacha, jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF), azúcar de fructosa de frutas, miel de abeja y miel de agave, miel de maple), dado que; mientras que el azúcar de caña de México quedó sujeta a “acuerdos” y “cuotas” al margen del TLCAN, el JMAF que también tiene la acusación de entrar a México a precios “dumping” con el agravante de provenir de maíz amarillo genéticamente modificado (GMO), está libre su ingreso a nuestro país sin aranceles ni cuotas.

En la práctica hay un comercio de edulcorantes desigual, un comercio en el que, por un lado, una de las partes “administra” su mercado e impone restricciones para proteger a un pequeño grupo privilegiado, y otro, más débil, que debe aceptar “condiciones” que afectan su mercado, el ingreso y el bienestar de productores agrícolas y en general a toda la agroindustria azucarera nacional.

Redacción. Área de Análisis de Zafranet. Martes 9 de octubre de 2018.

[1] Los aranceles antidumping a las importaciones son solicitados por sindicatos de la industria o grupos de productores en un país o en un bloque económico. La solicitud es presentada cuando se cree que existen mercancías vendidas a precios significativamente inferiores a los precios del mercado doméstico, o incluso inferior a los costos de su producción y como resultado causan o amenazan con causar un perjuicio económico significativo (daño material) a los productores domésticos de la mercancía.
Los aranceles compensatorios a las importaciones se solicitan cuando la producción y las exportaciones del país proveedor son subvencionadas de manera directa o indirecta al punto de causar o amenazar con causar perjuicios materiales a los productores domésticos del producto.
Ambos aranceles son permitidos bajo los estatutos de la Organización Mundial de Comercio, pero sólo son aplicados tras un periodo de investigación que incluso puede negar su aplicación.