Editorial: Los escenarios del conflicto: ¿hay soluciones a la vista?

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Desde el lunes 21 de enero hasta hoy se cumplen 19 días de la toma de bodegas y almacenes con azúcar en la totalidad de los ingenios del país, por parte de las organizaciones cañeras, con el propósito de impedir la salida de azúcar a los mercados locales y nacionales buscando una solución a la dramática caída de precios al que venden los ingenios a mayoristas, comercializadoras e industrias.

Esa toma de almacenes manda el mensaje a los ingenios para que aceleren las exportaciones al mercado mundial, dado que el excedente de inventarios presiona los precios de los mercados en el país, y el no cumplimiento o el retraso en su caso de los excedentes exportables manda señales inequívocas de que el país está nadando en azúcar.

Los cañeros exigen que se exporte aun a los precios del mercado mundial que están por los suelos, porque hay excedentes de azúcar a nivel mundial a pesar de que grandes productores como Brasil están destinando más del 50% de su producción cañera a la producción de alcohol.

Se calcula que esa exportación al mercado mundial por parte de los ingenios nacionales debe ser de entre 1.4 y 1.5 millones de toneladas que junto con la exportación a Estados Unidos de alrededor de 760 mil toneladas, la exportación de este ciclo alcanzará de 2.2 a 2.3 millones de toneladas para equilibrar de alguna manera el mercado nacional. (ver link: Avance de comercio Exterior de azúcar de México).

Aquí habrá pérdidas para todos. Seguramente más para los cañeros. Dependiendo en que parte del mercado se sitúen los diferentes actores y participantes, si del lado de la oferta o del lado de la demanda, se están proponiendo varías soluciones y escenarios:

  • 1. Por el lado de la oferta, organizaciones cañeras e industriales azucareros ven con buenos ojos que se tomen las bodegas y que se impida la salida de azúcar a los mercados para mandar una señal de “desabasto” o “escases”, lo que revertirá en el corto plazo la caída de precios en todos los mercados de la República. En la CEDA de la Ciudad de México, el precio piso ya supera los 800 pesos el bulto de 50kg.
  • 2. Sólo que esta medida de carácter temporal no es la solución, ni la mejor estrategia dado que no todos los ingenios cumplen, y tarde o temprano la tendencia de los precios regresará a la baja por la urgencia de los ingenios de recuperar la liquidez para hacer frente a sus compromisos económicos, entre ellos, el pago a los cañeros.
  • 3. Las agrupaciones cañeras quieren obligar a los industriales con estos bloqueos, a cumplir con las exportaciones de excedentes tanto de la zafra anterior que ya están documentadas en CEDES, como lo correspondiente a la zafra que está corriendo.
  • 4. Digamos que si de algo servirían los bloqueos sería para lograr que se cumplan los acuerdos de exportación de los industriales, que tendrían que cumplirse aportando más certificados de depósitos al fideicomiso maestro diseñado para tal propósito y mostrar contratos de compra-venta con exportadores e importadores extranjeros.
  • 5. Pero lo que quedará pendiente será que estas medidas no resuelven definitivamente lo que a todas luces en un problema estructural, en donde la cadena productiva caña de azúcar-azúcar padece de serios problemas y desbalances.
  • 6. Por el lado de la oferta de edulcorantes fructosados que suman entre 1.5 y 1.7 millones de toneladas anuales base seca, las agrupaciones cañeras y algunos industriales azucareros están pidiendo al gobierno federal que frene las importaciones de jarabe de maíz de alta fructosa dado que están afectando seriamente al mercado de la caña de azúcar. Se argumenta que si no entraran al país esas importaciones que alcanzan el millón de toneladas anuales, la producción nacional de azúcar sería más que suficiente para garantizar un consumo nacional aparente de alrededor de 4.3 millones de toneladas de azúcar y de 1.5 millones de toneladas de jarabe de maíz, que sumarían 5.8 millones de toneladas en conjunto.
  • 7. Un balance de edulcorantes sin importaciones de jarabe de maíz debería sumar al lado de la oferta, la producción local de alta fructosa que es de aproximadamente 530 mil toneladas al año, aunque hay que aclarar que son producidas mayormente con maíz amarillo GMO importado.
  • 8. Quedándonos todavía en la parte de la oferta, habrá que ver más de cerca lo que ahí sucede. El gran problema es que la industria azucarera mexicana está muy dividida en cuanto a intereses y objetivos. Los dos grupos embotelladores más poderosos a nivel mundial, Coca-Cola y Pepsico tienen ingenios azucareros propios en México y que no adquieren la totalidad de su consumo de edulcorantes de sus propios ingenios sino que sustituyen el azúcar que podrían adquirir de ingenios nacionales, incluyendo los suyos, por jarabe de maíz importado en condiciones muy favorables para ellos. Sin duda, son empresas trasnacionales cuyas decisiones, se toman o se coordinan desde sus corporativos situados fuera de México, aunque las franquicias deben tener cierta independencia y poder decisión.
  • 9. Los escenarios posibles apuntan a que sería más congruente negociar con las embotelladoras y demás industrias consumidoras de jarabe de maíz que precipitar una decisión comercial que propicie un conflicto con nuestro principal socio comercial, aun cuando a todas luces no conviene a nuestro país la serie de acuerdos que permiten, limitadamente, las exportaciones de azúcar a Estados Unidos sin la aplicación de impuestos compensatorios.
  • 10. Por el lado de la demanda, los escenarios también son complicadas. Hay un declive aparente en el consumo de edulcorantes calóricos y un incremento exponencial en la utilización de edulcorantes no calóricos. El consumo de azúcar mantiene una tendencia horizontal y el de jarabe de maíz parece haber alcanzado un tope aunque su declive en Estados Unidos no para. A nivel mundial se aprecia una tendencia similar en el azúcar y a la baja el consumo del jarabe de maíz fructosado.
  • 11. Sumada la producción nacional de azúcar y de jarabe de maíz, alcanzaría, dependiendo el año y las condiciones que afectan la producción, alrededor de 6.5 millones de toneladas y habría que garantizar excedentes exportables a Estados Unidos (si queremos mantener esa ventana abierta y esa relación muy desigual) e inventarios suficientes para el último trimestre del año.
  • 12. En todo caso, cabría la posibilidad de una alternativa de negociación de reducir las importaciones que permitan una mayor cuota de mercado para el azúcar.
  • 13. Otro aspecto importante: el etiquetado propicia que el consumidor no sepa cómo está endulzado el producto que adquiere. La ley parece redactada por las mismas compañías que no quieren que se sepa qué tipo de endulzante calórico utilizan: azúcar de caña, de remolacha o jarabe de maíz de alta fructosa, ni cómo se mezclan en caso de que se utilicen varias. Mucho menos sabemos los consumidores si esos productos provienen de semillas genéticamente modificadas. Las nuevas autoridades responsables deberían tomar cartas en el asunto.

Redacción. Área de Análisis de Zafranet. Miércoles 6 de febrero de 2019.