• mar. Abr 28th, 2026

China concentra la mitad de las reservas globales de tierras raras y refuerza su liderazgo

Las llamadas tierras raras, pese a su nombre, no son tierras ni son escasas. Se trata de un conjunto de 17 elementos químicos que se han convertido en un factor estratégico para la geopolítica y para prácticamente cualquier sector tecnológico y energético actual. Su relevancia radica tanto en la localización de las reservas como en la capacidad para procesarlas, un ámbito en el que China domina ampliamente.

De acuerdo con un gráfico elaborado por Visual Capitalist a partir de los datos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), China concentra unas reservas estimadas de 44 millones de toneladas métricas, más del doble que el país que ocupa el segundo lugar. Brasil cuenta con 21 millones e India con 6,9 millones.

Por debajo se ubican Australia con 5,7 millones, Rusia con 3,8 millones, Vietnam con 3,5 millones, Estados Unidos con 1,9 millones y Groenlandia con 1,5 millones, entre los países que superan el millón de toneladas. Las reservas mundiales suman alrededor de 92 millones de toneladas métricas, por lo que China posee aproximadamente el 50% del total.

La importancia de estos elementos radica en su presencia en una amplia gama de productos, desde componentes de smartphones y los imanes de auriculares hasta tecnologías aeroespaciales, telescopios espaciales y sistemas de guiado para radares militares y armamento avanzado.

También resultan esenciales para la transición energética, ya que intervienen en la fabricación de baterías para vehículos eléctricos, sistemas de almacenamiento para energías renovables, placas solares y aerogeneradores. Sin embargo, disponer de reservas no es suficiente si no existe la capacidad para procesarlas.

El refinado de tierras raras es costoso y altamente contaminante, debido a que estos elementos no se encuentran aislados en la naturaleza, sino adheridos a otros minerales. Durante años, las políticas medioambientales occidentales llevaron a delegar este proceso a China, cuya regulación era más flexible. 

Este contexto, sumado a los aranceles impuestos por Donald Trump, ha permitido al país asiático fortalecer su posición estratégica y, en ocasiones, limitar el suministro de metales y elementos necesarios para la industria militar y para la transición hacia energías renovables. Incluso minas occidentales como Mountain Pass, en Estados Unidos, enviaban su material a China para su refinado.

Las consecuencias ya han impactado en la producción industrial. Suzuki suspendió la fabricación del Swift por falta de componentes, la industria automotriz europea ha manifestado su preocupación y Elon Musk enfrenta dificultades por no contar con los insumos necesarios para desarrollar sus robots.

Ante ello, diversos países han intensificado la búsqueda de nuevos yacimientos. España, Noruega, Groenlandia y Japón han identificado reservas prometedoras, y también se evalúa reactivar la producción de tierras raras en occidente, aunque persisten obstáculos técnicos y, sobre todo, ambientales.

España enfrenta estos desafíos directamente. Aunque se han localizado varios yacimientos, la extracción sigue siendo un proceso complejo y contaminante, lo que ha generado oposición de plataformas vecinales y ayuntamientos. Un ejemplo es el proyecto en Torrenueva, en el Campo de Montiel, donde se identificó un importante yacimiento.

De acuerdo con Xataka, ante las limitaciones del refinado, avanzan investigaciones orientadas al reciclaje de tierras raras como alternativa para reducir la dependencia externa. China no solo controla buena parte de las reservas y la capacidad de producción, sino que además mantiene contratos de exclusividad con minas de alto potencial en otros países, como Serra Verde, que abastecerá exclusivamente a China hasta 2027.

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