La COP30, celebrada en la ciudad amazónica de Belém, entró ayer en su semana decisiva de negociaciones con posiciones encontradas en torno a temas clave como la adaptación al cambio climático y el financiamiento. La conferencia de la ONU pasa a su fase ministerial, con cinco días oficiales para que los 195 países miembros cierren un acuerdo.
“Hay una enorme cantidad de trabajo por delante para los ministros y negociadores. Les instó a abordar los temas más difíciles rápidamente”, declaró Simon Stiell, jefe del organismo de la ONU para el cambio climático, durante la asamblea celebrada en Belém. El funcionario advirtió que “no podemos permitirnos perder tiempo con obstrucciones”.
Durante el plenario, el vicepresidente brasileño, Geraldo Alckmin, cuyo país preside la COP30, hizo un llamado a la acción conjunta frente a la emergencia climática: “El tiempo para las promesas acabó. Cada fracción de grado de calentamiento global adicional representa poner vidas en peligro”.
Tres temas centrales mantienen bloqueada la negociación. El primero surge de la propuesta de China, India y países aliados para que la COP30 adopte una resolución contra las barreras comerciales unilaterales, en referencia al impuesto al carbono de la Unión Europea sobre importaciones como acero, aluminio y fertilizantes.
El segundo punto lo lideran los Estados insulares, acompañados por países de América Latina y de la Unión Europea, quienes piden reaccionar ante las últimas proyecciones climáticas, consideradas preocupantes, y elevar los compromisos climáticos actuales. Sin embargo, grandes economías como China y Arabia Saudita se oponen a cualquier decisión que implique reconocer que sus esfuerzos han sido insuficientes.
El tercer eje del desacuerdo proviene de países del Sur global, especialmente africanos, que buscan recordar a las naciones desarrolladas el déficit de financiamiento para apoyar la transición climática en los países en desarrollo.
Ante este escenario, el presidente de la conferencia, André Correa do Lago, publicó una nota que resume los puntos de vista divergentes y plantea posibles rutas de negociación. La propuesta, de cinco páginas, “da una idea del texto de decisión final”, según David Waskow, del World Resources Institute. Para Li Shuo, de Asia Society, la iniciativa “es su manera de presentar el menú para las negociaciones finales”.
La reducción progresiva de los combustibles fósiles también forma parte de la agenda impulsada por Brasil, aunque aún se debate si será una decisión formal de la ONU o una declaración aparte suscrita solo por algunos países. Alckmin reiteró que Brasil respalda un “plan de acción integrado” para dejar atrás la dependencia de los combustibles fósiles. La propuesta es también respaldada por países como Francia y Colombia, pero encuentra resistencia de productores petroleros como Arabia Saudita.
En paralelo, de acuerdo con El Economista, la cumbre fue escenario de una manifestación indígena que exigió el fin de los combustibles fósiles y criticó el reciente proyecto de exploración petrolera frente a las costas de la Amazonía brasileña. “Mantener nuestro bosque en pie es mantenernos en vida, garantizar nuestro futuro”, señaló Joao Gabriel Gama, del pueblo Kumaruara. La marcha reunió a cientos de indígenas que defendieron la preservación de la selva, considerada vital para el equilibrio climático global.
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