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Descarbonización aérea: residuos urbanos como fuente de combustible sostenible

El sector de la aviación mundial enfrenta una creciente presión para reducir de forma drástica su huella de carbono ante el incremento previsto en el número de vuelos y en las emisiones asociadas. Aunque las mejoras en eficiencia y los cambios operativos contribuyen parcialmente a la descarbonización, no resultan suficientes para alcanzar los objetivos internacionales más ambiciosos.

La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) aspira a lograr cero emisiones netas de carbono para 2050. En ese contexto, los combustibles de aviación sostenibles (SAF, por sus siglas en inglés) se posicionan como una de las soluciones más viables y de aplicación inmediata, especialmente para vuelos de larga distancia, ya que las aeronaves eléctricas e impulsadas por hidrógeno aún se limitan a trayectos cortos.

Entre las alternativas más prometedoras figura la conversión de residuos sólidos urbanos (RSU) en combustible de aviación sostenible. “La conversión de residuos sólidos urbanos (RSU) en combustible de aviación sostenible (SAF) ofrece una vía atractiva para alinear los objetivos de las ciudades con cero residuos con los de la aviación, que busca la neutralidad de carbono”, señala un estudio publicado en Nature Sustainability

Esta tecnología utiliza procesos como la pirólisis para transformar materiales como residuos agrícolas, plásticos o desechos urbanos en combustibles de alta calidad.

El estudio evaluó la producción de SAF a partir de RSU mediante datos de gasificación a escala industrial y el método de síntesis Fischer-Tropsch. Los residuos sólidos urbanos, la parte orgánica y no reciclable de los residuos domésticos, se consideran una materia prima sostenible cuya utilización contribuye tanto a la reducción de emisiones como a la gestión responsable de desechos. 

“La evaluación realizada en el estudio indica que el SAF a base de RSU puede reducir la intensidad de gases de efecto invernadero entre un 80 % y un 90 % en comparación con el combustible de aviación convencional, siendo la gasificación el principal desafío técnico”. Además, la incorporación de hidrógeno verde permitiría una reducción adicional de más de 170 kg de CO₂ por tonelada de residuos procesados.

El análisis proyecta que, a nivel mundial, la producción de SAF a partir de RSU podría superar los 50 millones de toneladas anuales, contribuyendo significativamente a la disminución de emisiones del sector. 

En Europa, la capacidad estimada de producción asciende a 5,4 millones de toneladas por año, volumen que supera el requisito de mezcla establecido por la Unión Europea y cumple con las restricciones sobre materias primas no destinadas a la alimentación humana ni animal.

Pese a su potencial ambiental, la adopción del SAF enfrenta importantes barreras económicas. “La adopción del SAF en la aviación se mantiene por debajo del 1 % debido a su elevado coste”. Este combustible puede costar entre dos y cinco veces más que el queroseno tradicional, debido a la limitada escala de producción, el precio de las materias primas sostenibles y la alta inversión de capital que requieren las tecnologías. 

No obstante, se espera que los costos disminuyan conforme aumente la producción, se optimicen los procesos tecnológicos y los gobiernos establezcan incentivos para su fabricación y uso.

De acuerdo con Meteored, el análisis económico advierte que el empleo de SAF para cumplir los objetivos del Plan de Compensación y Reducción de Carbono para la Aviación Internacional (CORSIA) podría generar ahorros sustanciales, especialmente si se implementan subsidios.

Actualmente, los vuelos comerciales operan con mezclas de hasta 50 % de SAF con combustible convencional, pero “recientes vuelos de prueba han demostrado con éxito la capacidad de las aeronaves comerciales para volar con SAF puro”. 

Estas pruebas confirman un desempeño equivalente al del combustible tradicional y muestran reducciones importantes en las emisiones de hollín y la formación de hielo en las estelas de condensación, lo que refuerza los beneficios ambientales de esta alternativa.

La industria trabaja ahora en la certificación de proporciones mayores de mezcla, con el objetivo de avanzar hacia un futuro donde las aeronaves operen con combustibles sostenibles al 100 %.

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