Tras más de una década de mantener una balanza comercial favorable, las importaciones de carne de res en México superaron finalmente a las exportaciones, marcando un cambio de tendencia dentro del comercio agroalimentario nacional.
De acuerdo con un análisis de Juan Carlos Anaya, director del Grupo de Consultores de Mercados Agrícolas (GCMA), este comportamiento responde a que “las importaciones de carne de res superan a las exportaciones, reflejo de un tipo de cambio más competitivo para las compras externas, una menor disponibilidad de ganado y una reducción en la producción nacional”.
Las cifras más recientes confirman que el país dejó de ser 100% autosuficiente en carne de res, en un contexto de menor oferta ganadera y cierre a la exportación de ganado en pie, situación que modificó de manera estructural el equilibrio del mercado.
El desplome en el envío de becerros vivos a Estados Unidos representó un golpe financiero para el sector, al tratarse de uno de los “principales generadores históricos de divisas”. Las restricciones sanitarias y el cierre de fronteras para el ganado en pie no sólo redujeron el ingreso de dólares, sino que también limitaron la oferta global de animales para sacrificio.
Esta menor disponibilidad de ganado se reflejó en una caída del sacrificio tanto en plantas Tipo Inspección Federal (TIF) como en los rastros municipales, lo que ha obligado al país a depender cada vez más del mercado externo para cubrir el consumo interno.
El desequilibrio no se limita al mercado de la carne de res. El análisis del GCMA advierte que el déficit estructural se profundiza por la alta dependencia externa de otras proteínas. En el caso de la carne de cerdo, “México sólo produce 49% del consumo”, mientras que en el sector avícola “la autosuficiencia ronda 80%, manteniendo presión constante sobre el mercado externo”.
Según información publicada por El Economista, aunque las exportaciones totales de cárnicos registraron un crecimiento en valor de 10.8% impulsado por mejores precios internacionales, el volumen apenas se mantuvo estable, siendo superado por un incremento de 21.7% en el valor de las importaciones.
Para el director del Grupo de Consultores de Mercados Agrícolas, el desafío hacia los próximos años es claro: “el reto hacia 2026 será recuperar inventarios ganaderos, fortalecer la producción nacional y reducir la dependencia externa, sin perder competitividad”.
Mientras México busca recuperar su capacidad productiva, socios comerciales como Estados Unidos y Brasil continúan consolidándose como los principales proveedores de proteínas para el mercado nacional.
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