Las compras de productos agroalimentarios mexicanos por parte de Estados Unidos cayeron por primera vez en casi 30 años durante 2025 y mantuvieron la tendencia a la baja en los primeros meses de 2026, en vísperas de la nueva ronda de conversaciones para la revisión del T-MEC que se realiza esta semana en Washington.
Datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) muestran que las compras estadounidenses de productos agropecuarios mexicanos se ubicaron en 43,849 millones de dólares en 2025, frente a los 48,629 millones de dólares del año previo, una reducción cercana a 10%.
La caída coincidió con un entorno más complejo para la relación comercial entre ambos países. El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca reactivó la incertidumbre sobre el futuro del T-MEC, mientras que factores internos como la sequía afectaron la producción de diversos cultivos estratégicos en México.
La debilidad se mantuvo durante 2026. Entre enero y abril, las exportaciones agroalimentarias mexicanas hacia Estados Unidos retrocedieron 6% respecto al mismo periodo de 2025.
El retroceso alcanzó a varios de los productos más representativos de la oferta agroalimentaria mexicana. Las verduras frescas, categoría que incluye tomate, lechuga, cebolla, zanahoria, brócoli y chayote, entre otros productos, registraron una caída de 20% durante 2025 frente a 2024. Aunque en los primeros cuatro meses de 2026 mostraron una recuperación de 5%, el avance aún no compensa la disminución observada el año anterior.
La cerveza mexicana también perdió dinamismo. Las compras de Estados Unidos disminuyeron 4.2% en 2025 y mantuvieron una tendencia similar entre enero y abril de 2026, con una baja adicional de 4%.
En bebidas alcohólicas, las importaciones estadounidenses de tequila, mezcal, brandy, vodka y otros licores provenientes de México descendieron 31% durante 2025. En el arranque de 2026 la caída se profundizó hasta 42%.
El aguacate mexicano registró una reducción de 5.8% en 2025 y las compras estadounidenses mostraron una caída de 28% entre enero y abril de este año.
Las berries mexicanas siguieron una trayectoria similar. Tras un retroceso de 11% en 2025, las exportaciones hacia Estados Unidos acumularon una disminución adicional de 15% en el primer cuatrimestre de 2026.
Pese a ello, México mantiene una posición relevante en el abasto agroalimentario estadounidense. Un reporte de México ¿Cómo vamos? indica que 35% de las verduras frescas disponibles en Estados Unidos proviene de importaciones y México aporta 69% de ese suministro. Arizona, Texas, Michigan y Ohio figuran entre los principales compradores.
La dependencia es aún mayor en el tomate mexicano, ya que 70% del suministro estadounidense provino de importaciones y México concentró 90% de ese volumen.
En frutas frescas, California importó más de 2,000 millones de dólares en berries mexicanas durante 2025. Además, las importaciones pasaron de representar 17.3% de la disponibilidad de frambuesas en 1994 a 82.3% en 2024.
El aguacate mexicano también conserva una presencia dominante en ese mercado, ya que 88.4% de los aguacates consumidos en EU fueron importados.
En bebidas alcohólicas, Florida, Kentucky, Nueva York e Indiana muestran una fuerte dependencia de los destilados mexicanos, mientras que en Illinois la cerveza lidera las importaciones agrícolas procedentes de México.
Mientras las exportaciones agroalimentarias mexicanas perdieron impulso en el mercado estadounidense, las ventas agrícolas de Estados Unidos a México registraron incrementos. Las exportaciones agrícolas estadounidenses crecieron 1.4% durante 2025 respecto al año anterior y avanzaron otro 3% entre enero y abril de 2026 frente al mismo periodo de 2025.
El crecimiento se concentró en carne de cerdo, productos lácteos, fruta fresca, frutos secos, huevo y bebidas alcohólicas.
La relevancia de esta relación comercial explica por qué una parte importante del sector agrícola estadounidense se ha convertido en uno de los principales defensores del T-MEC.

La Coalición Agrícola para el T-MEC, integrada por organizaciones agrícolas y empresas agroalimentarias de Estados Unidos, afirmó recientemente que el acuerdo comercial representa uno de los logros más importantes de la administración Trump y un motor económico para agricultores y comunidades rurales.
El grupo destacó que los funcionarios estadounidenses han mostrado disposición para renovar el acuerdo con mejoras específicas y expresó confianza en que la administración alcance un entendimiento con México y Canadá que beneficie a los tres países.
Las ventas agroalimentarias de Estados Unidos a México rondan los 30,000 millones de dólares anuales y representan cerca de 18% de las exportaciones agrícolas estadounidenses.
Sin embargo, productores y legisladores estadounidenses mantienen la presión sobre las importaciones mexicanas. Miembros republicanos y demócratas de la Cámara de Representantes, incluidos integrantes del Comité de Agricultura, enviaron una carta al representante comercial de Estados Unidos (USTR), Jamieson Greer, en la que solicitaron medidas para atender lo que consideran una competencia desleal en el mercado agrícola.
Los legisladores argumentan que numerosos productores estadounidenses de frutas, verduras y frutos secos enfrentan una presión creciente por el aumento de las importaciones que coinciden con las temporadas de cosecha locales y que llegan al mercado con precios iguales o incluso inferiores a los costos de producción estadounidenses.
En la carta señalaron que las importaciones de frutas y verduras frescas de México han aumentado más de 550% desde 2001, impulsadas por ventajas de costos y marcos regulatorios distintos a los de Estados Unidos.
Para Jorge Esteve, presidente del Consejo Nacional Agropecuario (CNA), México llega a la revisión del T-MEC en uno de los momentos más complejos para el sector.
El dirigente recordó que desde la entrada en vigor del TLCAN las exportaciones agroalimentarias mexicanas crecieron más de 1,100%, pero advirtió que ese éxito también generó una fuerte dependencia del mercado estadounidense, destino de alrededor de 80% de las exportaciones del sector agroalimentario.
Esteve señaló que medidas como el arancel de 17% al tomate mexicano muestran la vulnerabilidad de esa concentración y ya afectan la producción nacional.
A ello se suman sequías más frecuentes, menores rendimientos agrícolas y una creciente volatilidad climática que dificulta la planeación de largo plazo.
El presidente del CNA también alertó sobre la incertidumbre regulatoria, la falta de condiciones para nuevas inversiones, los problemas de seguridad en diversas regiones agrícolas, el acceso limitado al financiamiento, los rezagos tecnológicos y una reducción superior a 50% en el presupuesto de sanidad agropecuaria.
Ante este panorama, consideró indispensable diversificar mercados hacia Europa, Asia y el Caribe, fortalecer la innovación tecnológica y construir una estrategia de seguridad alimentaria que reduzca la vulnerabilidad del país frente a futuras crisis comerciales o climáticas.
De acuerdo con Expansión, la agricultura figura entre los temas centrales de la segunda ronda de conversaciones para la revisión del T-MEC que se celebra esta semana en Washington. De acuerdo con la agenda de trabajo, las discusiones incluirán acceso a mercados agrícolas, medidas sanitarias y fitosanitarias (MSF), cooperación regulatoria y biotecnología agrícola.
La USTR identificó al sector agropecuario como una de las prioridades de esta fase de revisión y ha señalado que buscará garantizar que el acuerdo continúe generando beneficios para los agricultores estadounidenses.
México, por su parte, buscará preservar el acceso preferencial de sus exportaciones agroalimentarias al mercado estadounidense y evitar que nuevas disposiciones regulatorias o sanitarias alteren cadenas de suministro que hoy funcionan de manera integrada entre los tres socios.
El comercio agroalimentario entre México y Estados Unidos supera los 70,000 millones de dólares anuales y constituye uno de los pilares de la integración económica de Norteamérica.
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