Durante la inauguración de la Semana de la Biodiversidad en Cali, generaron amplio debate las declaraciones de Irene Vélez, ministra encargada de Ambiente y Desarrollo Sostenible, sobre el impacto de la industria de la caña de azúcar en el Valle del Cauca.
“La expansión de la caña de azúcar ha sido un desastre ecológico, y no solo ecológico, sino también social, creo que en esto hay que ser muy enfáticos, en la medida en que, por ejemplo, la ocupación de la tierra para la producción de caña de azúcar aquí ha agotado las fuentes de agua subterránea, las ha agotado y también las ha contaminado porque desde la década de los 80 se está utilizando glifosato, potencialmente cancerígeno en humanos, en el 70% de los cultivos de caña de azúcar”, aseguró Vélez durante un panel.
Las reacciones fueron inmediatas. La senadora María Fernanda Cabal, del Centro Democrático, calificó a la ministra Vélez como “la señora del decrecimiento” y señaló que “ataca desde la ignorancia a la caña de azúcar”.
Por su parte, el representante a la Cámara Juan Espinal sostuvo que las afirmaciones de Vélez desconocen el aporte del sector privado. Según Espinal, “la señora Irene Vélez vuelve a demostrar que odia al sector privado y que habla desde la ideología disfrazada de tecnicismo”, calificando de ignorancia la idea de que la caña represente un desastre.
Espinal defendió el papel económico y social del sector cañero, indicando que genera más de 280.000 empleos directos e indirectos, con salarios promedio de 3,9 millones de pesos. Añadió que 11.146 familias son propietarias del 75% de la tierra sembrada en caña en la zona geográfica del Río Cauca, mientras que el 25% restante pertenece a los ingenios.
También destacó los avances ambientales reportados por Asocaña en 2024, entre los que figuran la producción de 406 millones de litros de bioetanol, la generación de 1.876 GWh de energía limpia y el aprovechamiento de 6,3 toneladas de bagazo en la producción de papel y energía.
A estas reacciones se sumó la gobernadora del Valle, Dilian Francisca Toro, quien reconoció que el departamento “es más que caña de azúcar”, pero señaló que la ventaja competitiva de esta agroindustria en la región debe ser aprovechada.
El debate se amplió con la participación de expertos. Willy Valdivia, científico y CEO de Orion Integrated Biosciences Inc., cuestionó los argumentos de Vélez sobre la contaminación. Explicó que, como planta C4, la caña de azúcar no solo captura carbono, sino que también compensa sus propias emisiones.
La caña de azúcar, por ser una planta C4, no solo captura carbono (~2 t C/ha·año ≈ 7–8 t CO₂e), también compensa sus propias emisiones. En estudios, el secuestro cuadruplica lo emitido (1 t de CO₂ emitida vs. 4,1 t secuestradas)

Claudia Calero, presidenta de Asocaña, aportó cifras sobre el uso del agua y la tierra en la región. Explicó que en el Valle del Cauca existe un acuífero con capacidad de 40 millones de metros cúbicos, que se recarga cada año con 3.500 millones de metros cúbicos, principalmente por lluvias.
De esa recarga, entre el 17% y el 23% se utiliza en cultivos agrícolas, lo cual, según datos de la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC), no afecta el acuífero. Sobre el glifosato, desmintió la acusación de la ministra.
Nosotros no contaminamos el agua con glifosato. Esto no es correcto porque desde hace muchísimos años nosotros no utilizamos glifosato. Este sector con ciencia, con tecnología, con innovación, sustituyó este producto y hoy estamos buscando para la maduración de la caña, es decir, para que la concentración desaparezca en nuestros productos, unos abonos foliares que se aplican con equipos de alta precisión
De acuerdo con Infobae, Calero defendió además el impacto social de la agroindustria, indicando que los municipios cañeros presentan menores niveles de pobreza multidimensional y un ingreso per cápita 2,8 veces mayor que en otros territorios.
Añadió que “esta agroindustria ha sido una verdadera muralla de contención frente a las economías ilícitas porque donde hay caña y hay agroindustria como esta, que es formal, que genera empleo, que genera ingresos estables, no solamente para los ingenios sino para muchos centenares de empresas, pues aquí también hay oportunidades que sin duda están cerrando la puerta a esas economías ilegales”.
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