La incertidumbre financiera marcó el inicio de la molienda en la zona cañera vinculada al Ingenio de Puga, donde cerca de tres mil abastecedores enfrentan un escenario adverso derivado de un adeudo colectivo estimado en siete millones de pesos con la factoría. El monto corresponde a un ajuste negativo en el precio final del azúcar del ciclo pasado, situación que ha generado inconformidad entre los productores ante la falta de información formal sobre una eventual condonación.
De acuerdo con los cañeros, el descuento aplicado por la industria asciende a catorce pesos con catorce centavos por tonelada. Roberto Miramontes Zavala, representante de la MOCAPE, explicó que durante la zafra anterior la tonelada de caña se pagó a mil 197 pesos; sin embargo, al no alcanzarse el precio de mercado proyectado, la diferencia fue cargada posteriormente a las cuentas de los productores.
Esta situación ha provocado una presión inmediata sobre la liquidez de los abastecedores, en un contexto en el que el precio de preliquidación vigente se ubica en 950 pesos por tonelada, nivel que, según los productores, se encuentra muy por debajo de los costos de producción actuales, incrementados por el alza en insumos y mano de obra.
En paralelo, los cañeros señalan la ausencia de información por parte de sus representaciones tradicionales. Según los testimonios recabados, tanto Olegario Gutiérrez Bañuelos, dirigente de la CNC, como Felipe Valle Guzmán, de la CNPR, no han aclarado si existe un convenio formal que suspenda o modere los cobros aplicados a los productores.
“Les comentaron que iban a tratar de hacer un convenio, pero no hay nada firmado; las organizaciones jamás se han arrimado para informar la realidad”, señalaron integrantes de la disidencia, quienes advirtieron que una parte importante de los cañeros podría caer en cartera vencida.
De acuerdo con Meridiano MX, el panorama económico para las familias de la región se mantiene complicado. La combinación de un mayor costo de producción, el descuento por el adeudo acumulado y la falta de certidumbre sobre los ingresos finales ha reducido de forma significativa la rentabilidad del cultivo. “Estamos fritos”, resumió Miramontes, al advertir que, de mantenerse estas condiciones, la mayoría de los productores concluirá la temporada sin alcances económicos suficientes.
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