México atraviesa una de las crisis agrícolas más severas de las últimas décadas. De acuerdo con estimaciones del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA), la producción nacional de granos y oleaginosas habría cerrado el último ciclo agrícola con apenas 32.4 millones de toneladas, el volumen más bajo en al menos 25 años. Esta cifra representa una caída del 20.59% en comparación con las 40.8 millones de toneladas registradas en 2021.
El principal factor detrás de esta disminución es la sequía que afectó a vastas regiones del país durante 2024. La falta de agua provocó que miles de hectáreas quedaran sin sembrarse, con pérdidas considerables en cultivos estratégicos como el maíz. Según Juan Carlos Anaya, director del GCMA, “el maíz es el cultivo más afectado”, con una reducción del 5.4% por segundo año consecutivo. Las entidades más perjudicadas son Sinaloa y Sonora.
En contraste con el panorama nacional, el estado de Querétaro reporta una perspectiva más favorable. De acuerdo con Red Agrícola, la Secretaría de Desarrollo Agropecuario del estado (SEDEA) estima que la producción de maíz y otros granos podría incrementarse hasta en un 50% respecto al ciclo anterior. Romualdo Romero, presidente de la Unión Ganadera Regional de Querétaro (UGRQ), atribuyó este repunte al regreso de las lluvias durante el verano, lo que permitió la recuperación de los niveles hídricos en presas y suelos. Esto benefició tanto la siembra como la actividad pecuaria, además de mejorar la disponibilidad de forraje y reducir la incidencia de plagas, factores que facilitaron la recuperación del hato ganadero.
Sin embargo, Querétaro también enfrentó dificultades durante la sequía. Según cifras de la SEDEA, en 2024 se dejaron de producir 48,989 toneladas de maíz y más de 21 mil hectáreas no pudieron ser sembradas debido a la falta de agua.
La disminución en la producción agrícola ha impactado directamente en la autosuficiencia alimentaria del país. Según el GCMA, México solo logró abastecer el 42% de su demanda nacional de granos, frente al 53% del año anterior. Esto provocó un aumento del 6.1% en las importaciones, principalmente de maíz amarillo procedente de Estados Unidos, destinado a la alimentación animal y a la industria. A pesar de este retroceso, México mantiene su autosuficiencia en maíz blanco, destinado al consumo humano y base de productos como la tortilla, alimento esencial en la dieta nacional.
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